Apocalipsis

El Bloguero era extremadamente organizado, le gustaba la sensación de tener todo bajo control, en muchas ocasiones, su madre le había llegado a decir que lo suyo era tan obsesivo, que rozaba lo enfermizo, pero de eso a decir verdad, hacía bastante tiempo.

 

Cuando algún hecho cotidiano no salía según lo planeado, la mayoría de las personas se sentían defraudadas, a lo sumo cabreadas. Al bloguero, cuando las cosas no le salían como esperaba, o cuando a su alrededor todo comenzaba a desajustarse, él se sumía en su particular y profundo caos personal.

 

En su ahora bien organizada vida, se levantaba siempre a las 6 de la mañana, ni un minuto más tarde ni un minuto más temprano, desayunaba siempre la misma marca de cereales, es cierto que cada día le costaba más encontrarlos, pero de su última excursión por la ciudad, había traído una provisión para al menos tres o cuatro semanas.

 

Su mundo se centraba casi exclusivamente en su blog, era casi perfecto, casi, pues para él la perfección absoluta no existía. Dedicaba horas y horas a su cuidado diseño y a la publicación de sus múltiples posts.

 

En sus comienzos, su blog narraba diferentes historias, publicaba alguna que otra foto, algún que otro vídeo graciosillo, pero de eso a decir verdad, hacía bastante tiempo.

 

Ahora su blog se había convertido casi en un diario, en el narraba minuciosamente todo lo que acontecía en su simple, pero bien organizada vida, desde que se levantaba, hasta que volvía a su dormitorio para descansar sus cuatro horas programadas.

Solía tener una media de 40 o 50 comentarios diarios, la mayoría de gente que no conocía, incluso de ciudades y países que tampoco conocía, pero de eso a decir verdad, hacía bastante tiempo, de hecho, los últimos comentarios que recordaba haber visto en su blog eran sobre un post suyo titulado “Apocalipsis”. En el momento de escribirlo pensaba que quizás estaba siendo demasiado tremendista, pero aun así, no esperaba una reacción tan repentina y negativa por parte del resto de internautas.

 

El día de su 17 cumpleaños, el bloguero disfrutaba de una magnífica tarta helada mientras se preguntaba hasta cuándo podría seguir disfrutando de aquella vida. Hasta cuándo podría seguir encontrando sus cereales chocolateados. Hasta cuando tendría que esperar para hablar con otro ser humano, aunque este fuese el último habitante de otro país, de un país desconocido. Hasta cuando… la mortífera gripe A le seguiría perdonando la vida.

 

 

Género: Ficción

Autor: Jaime Ramos

Fecha: 15/08/2009