Demencia narcótica

Lo acechaba. Lo ahogaba. Le absorbía su existencia.

 

Tenía que escapar. No podía vivir toda la vida con aquella presión.

 

Algunos días, sentía que no le dejaba ni el oxigeno que necesitaba para subsistir.

 

No podía más. Tenía que acabar con esa situación.

 

En cuanto estuvo cerca, cogió el cuchillo y se lo asestó. Una vez, diez veces, cien veces…

 

Exhausto, se sentó a descansar y lentamente se dejó mecer por los brazos de Morfeo.

 

A la mañana siguiente fue volviendo en sí. Tenía frío. Estaba tendido en el suelo de la cocina y no recordaba nada de lo sucedido.

 

Tenía las manos manchadas de un oscuro y apagado color rojo. El suelo, las paredes… todo era rojo sangre.

 

Se intentó incorporar y la vio en el pasillo. Sin fuerzas cayó de nuevo.

 

Intento recordar, aclarar sus ideas. Le faltaba el aire. La angustia le apretaba el corazón como una mordaza.

 

Vagamente recordaba cuando el terapeuta se lo había avisado.

 

Vagamente recordaba cuando habían empezado las alucinaciones.

 

Su cabeza giraba como una peonza en una espiral infinita.

 

Ella le había suplicado. Le había rogado. ¡Le había ayudado!

 

Él en cambio, la había matado.

 

Recordó su infancia, a sus amigos, a su familia, a su esposa… a la mujer que ahora yacía tendida sobre un oscuro reflejo de sangre coagulada.

 

Vagamente recordó como las drogas habían entrado en su vida y como él, les había abierto las puertas de su frágil mente.

 

 

Género: Ficción

Autor: Jaime Ramos

Fecha: 26/08/2009