Ángel

Odiaba los martes, desconocía el motivo, pero era una sensación que la acompañaba desde su infancia. Por eso, tras 20 años de amarga tristeza, injusticias y soledad, había elegido un martes para poner fin a su vida.

 

Lo tenía todo dispuesto, cogería su coche, subiría hasta lo alto del Monte, y desde allí, contemplaría por última vez la ciudad en la que había nacido, en la que había crecido y la que la había ignorado durante sus 20 años de existencia.

 

Circulaba despacio, haciendo un repaso mental de su amarga vida, pensando de donde quitaría las fuerzas para llevar a cabo su plan y simplemente, no lo vio venir. A su derecha, un vehículo saltó un Stop e impactó contra la parte trasera de su coche. El golpe no fue muy fuerte, pero tuvo la sensación de que Vilagarcía, su ciudad, no le permitiría salirse con la suya. Ni tan siquiera en el que sería su último día de vida.

 

Quedó sentada al volante, maldiciendo. Del otro vehículo descendió un joven que inmediatamente le suplicó perdón. Ella le dijo que no tenía importancia; ya no. El insistió en darle sus datos, le dijo que se llama Ángel, que estaba dispuesto a ayudarla en lo que fuese necesario mientras arreglaban su coche. Ella lo miraba incrédula, quizás aturdida por el golpe, quizás sorprendida de que alguien no intentase culparla a ella de lo sucedido.

 

Estaba en la cama, mirando como Ángel dormía a su lado, habían pasado ya dos años desde que se habían conocido. Nunca se había imaginado que algún día se sentiría tan feliz. Jamás le contó que el día en que se conocieron, había decidido suicidarse.

 

El despertó, la vio a su lado mirándolo, le dedicó una sonrisa. Jamás le confesó que lo sabía todo, jamás le contó que día a día, durante los últimos años, la había observado y se había enamorado de ella y que por ella, había renunciado a la inmortalidad.

 

 

Género: Ficción

Autor: Jaime Ramos

Fecha: 03/09/2009