El descubrimiento

Nadie podía saberlo y sin embargo, allí estaban, registrándolo todo, revolviéndolo todo.

 

Había sido muy precavido, no había hablado con nadie de su secreto, jamás había escrito nada que hiciese referencia a ese lugar, nadie podía saberlo, era imposible y sin embargo allí estaban.

 

Se acercó sigilosamente para intentar ver sin ser visto, observó como cogían los huesos y los guardaban en etiquetadas bolsas blancas, como intentaban descifrar la clave de acceso de su ordenador, como hacían fotografías de cada centímetro cuadrado de laboratorio, como guardaban las probetas, las muestras, las incontables libretas de notas.

 

Pensó que aquello era un castigo por su ineptitud, tenía que haberlo logrado meses antes, años antes, pero era incapaz, sabía que estaba a punto, pero con cada nuevo experimento llegaba un nuevo fracaso. Las arcadas abrieron las puertas del emesis y tuvo que alejarse de allí para no ser descubierto.

 

Mientras caminaba pensaba que tendría que comenzar de nuevo, que su trabajo sufriría un retraso, quizás insalvable. Mientras su mente viajaba de pensamiento en pensamiento, se acordó de su viejo laboratorio, en el que había comenzado todo, allí era a donde tendría que volver, al principio, para comenzar de nuevo algo imposible.

 

Cuando llegó encontró el laboratorio tal y como lo había dejado. Había viejos microscopios, probetas llenas de polvo, antiguas muestras y varias placas de Petri, algunas de ellas, aun con las muestras que había abandonado cuando decidió seguir la nueva vía de investigación.

No tenía más remedio que reutilizar aquel viejo material, y gracias a eso, descubrió algo asombroso.

 

Tal y como le había sucedido a Alexander Fleming en 1928, el desorden, las prisas y su gran capacidad de observación le habían llevado a descubrir en aquellas viejas muestras, la solución al enigma.

 

En una placa de Petri, se hallaba la muestra que más cerca había estado de dar resultados positivos, y precisamente esa proximidad, había sido la que le había llevado a abandonar aquel laboratorio y trasladar sus notas y su investigación al laboratorio secreto que poco a poco había creado en el campus de la universidad.

 

Qué locura, la casi solución lo había inducido inexplicablemente a alejarse cada vez más de ella y ahora, aparecía de nuevo debido al otro hecho inexplicable, el descubrimiento de su laboratorio secreto. Pero ya todo daba igual, por fin había dado con la solución, y al parecer, un hongo, como el que había ayudado a Fleming a salvar millones de vidas con el descubrimiento de la Penicilina, era en esta ocasión, el que marcaba la diferencia entre un fracaso y un milagro. Un microscópico hongo era el responsable del mayor descubrimiento médico del último siglo, la vacuna definitiva contra el cáncer…

 

 

Género: Ficción

Autor: Jaime Ramos

Fecha: 06/09/2009