La flor de papel

Permanecía sentado al fondo de la sala, junto al gran ventanal que daba al patio. Desde allí observaba como las primeras hojas del otoño se arremolinaban en una esquina sombría. A ratos, volvía sus ojos hacia la pantalla del televisor, siempre la misma rutina, siempre la misma tele-basura. Pero ese día algo cambió, veinte segundos de publicidad fueron suficientes para captar su atención. Una preciosa niña jugaba con su madre en un anuncio que ya no recordaba que anunciaba, eso era lo de menos, lo demás, era que aquella niña, aquel angelical rostro, le recordó a su pequeña, y entonces se dio cuenta.

 

La dulce niña de la tele no le permitía ya ver otra imagen que no fuese la suya. Cerró los ojos, pero fue totalmente incapaz, el pequeño rostro de su hija ya no aparecía en su mente. Intentó encontrar la imagen rebuscando entre sus recuerdos, entre lo mejor y lo peor de su errónea vida, pero no la encontraba.

 

La angustia provocaba que cada vez respirase con mayor dificultad, el pulso se le aceleraba hasta ritmos peligrosamente anormales, pero eso sólo ayudaba a que su mente viajase en un sentido incorrecto, muy lejos de a donde él quería llevarla.

 

Pasaron las horas y su deseo aumentaba proporcionalmente al mismo ritmo que lo hacía su miedo. Un miedo atroz que le mordía insaciablemente en algo desconocido que intuyó que bien podría ser su alma. Las lágrimas, llevaron a sus labios el salado sabor del dolor y del arrepentimiento.

 

Decidió que no quería seguir así, que el momento era ahora o que seguramente jamás volvería a tener el valor suficiente. Por una vez en su vida haría lo correcto, costase lo que le costase.

 

Lentamente consiguió dormirse, lentamente consiguió soñar, soñar con su madre, que tantas lágrimas había derramado por él. Soñar con sus hermanos, victimas colaterales de sus múltiples errores. Soñar con su padre, que pudo estar equivocado en muchas ocasiones, pero que ahora, en este momento, lo perdonaba porque el también conocía la dificultad de ser padre. Con su novia, con la que estuvo a punto de conseguirlo. Y... con su hija, por fin!, ahí estaba. Caminaba hacia él con una preciosa sonrisa, con sus brillantes y enormes ojos llenos de vida. En su pequeña mano llevaba una flor de papel. Se acercó a él, lo besó en la mejilla y le dio la flor. Él la cogió de la mano y, entre risas, se alejaron caminando.

 

Por la mañana, lo encontraron muerto en su celda, con una sonrisa dibujada en los labios y en sus manos, un bote vacío de tranquilizantes y una pequeña flor de papel.


 

a J.M.M.B y a todos aquellos que lo precedieron y por desgracia, a los que todavía lo seguirán.

 


Género: Ficción con origen real

Autor: Jaime Ramos

Fecha: 24/09/2009