Amores, ilusiones y esperanzas

Hoy se sentía feliz, no por un motivo en concreto, sino por la suma de pequeñas cosas que en principio no guardaban relación entre sí, esos mismos hechos cotidianos que en otras ocasiones sin embargo, te hacen sentir mal contigo mismo y con todo lo que te rodea.

 

Hacía un año que había terminado sus estudios y a pesar de la crisis, había conseguido un estupendo trabajo en una conocida asesoría de su ciudad. Su hermano, su único hermano, había sido papá hacía poco tiempo y ayer mismo su cuñada le había pedido que fuese la madrina, algo que ella deseaba con todo su ser y que no se había atrevido a pedirles. Para finalizar, el sábado tendría su primera cita importante, importante porque realmente el chico le gustaba mucho, importante porque sin duda este podría ser su gran amor. Dios, que nerviosa estaba, y eso que faltaban más de 24 horas para la cita.

 

Cuando llegó a casa para comer, su padre le pidió un favor, que se acercase a la pastelería para comprar una tarta de fresas con nata para su madre, la quería sorprender, tampoco por nada en concreto, pero así eran sus padres, humildes y felices con sus pequeñas cosas y por eso ella los quería como a nada ni a nadie en el mundo. En realidad su padre la había mandado porque sabía lo mucho que le gustaba que le dejase su coche, hacía apenas tres meses que había sacado el permiso de conducir y sabía que conducir su monovolumen le encantaba.

 

Paró en el cruce de acceso al centro, cuando reanudó la marcha, un coche de color rojo se saltó el stop de su carril, ella frenó bruscamente en medio del cruce y el coche rojo pasó como un rayo por delante del monovolumen, a sólo unos centímetros de distancia. Quedó petrificada, su mente tardo unas décimas de segundo en reaccionar, miró en dirección al coche que se alejaba y cuando volvió la vista hacia el otro lado la vio venir, la enorme cabina de un tráiler que de un sólo golpe partió el monovolumen en dos, la parte delantera salió despedida y se empotró contra el muro de cierre de una vivienda.

 

Recobró el conocimiento sólo unos instantes, atrapada entre un amasijo de hierros y plástico. Apenas sentía dolor, escuchaba voces que le preguntaban si estaba bien, ruidos y golpes que seguramente provocaban esas mismas personas intentando llegar hasta ella, quiso hablar pero una gran bola se sangre salió de su boca, bajó la mirada y pudo ver sus piernas destrozadas, lloró, lloró y suplicó desde lo más profundo de su ser. Poco a poco las voces fueron cesando, sus ojos se fueron cerrando lentamente y su mente se fue alejando de aquel lugar.

 

En casa, su madre regañaba a su padre por haberla mandado al centro, estaba tardando demasiado y ahora tendría que comer apresurada para volver a tiempo al trabajo. Su padre reía mientras pensaba que seguramente ella, había cogido el camino más largo para poder disfrutar un poco más del coche.

 

En un piso del centro, su hermano y su cuñada jugaban con el niño mientras bromeaban sobre la enorme ilusión que le hacía a ella ser la madrina, sobre la cara de sorpresa que había puesto cundo le dieron la noticia.

 

En el bar, un grupo de amigos se metía con un chaval que estaba rojo como un tomate, le tomaban el pelo porque por fin se había decidido a pedir para salir a la chica de sus sueños.

 

En una cuneta, al lado de un viejo muro de piedra, unas pequeñas lágrimas se mezclaron con restos de sangre gasoil y aceite. Un absurdo accidente que como tantos otros, se cobraba una joven vida y destrozaba para siempre amores ilusiones y esperanzas.

 

 

Género: Ficción

Autor: Jaime Ramos

Fecha: 08/06/2012