Fabián

Fabián era un chaval introvertido, podría citar varios motivos para intentar justificar su carácter pero según algunas teorías, las personas son abiertas o cohibidas por naturaleza. Aseguran los que saben de esto, que las influencias externas no son la principal causa de nuestra forma de ser, pero yo estoy convencido de que en más ocasiones de las que creemos, nuestro entorno actúa como un acelerador al igual que la gasolina lo hace propagando un pequeño fuego hasta convertirlo en un incendio incontrolado.

 

Cuando se tienen doce años como Fabian, el colegio puede ser un lugar maravilloso o puede ser un lugar verdaderamente horrible y para el muchacho, su paso por el colegio se encontraba sin duda alguna en el segundo grupo. Ahora, con su entrada en el instituto para cursar tercero de ESO, la cosa no había mejorado, más bien todo lo contrario, los días se le hacían cada día más insoportables, pero Fabián jamás se lo confesaría a sus padres, los quería mucho y por eso, jamás les contaría las burlas, los desprecios y las vejaciones a las que era sometido casi diariamente y es que a esa edad, los chavales pueden ser los seres más crueles y perversos que nos podamos imaginar.

 

Fabián sufría cada vez que le llamaban cuatro ojos, cada vez que le agachaban sus cosas mientras se burlaban de él, cada vez que nombraban a su madre o cada vez que los chicos amparados por la indiferencia del profesor de gimnasia, se mofaban de sus nulas habilidades deportivas.

 

Fabián sólo hablaba de sus miedos y sufrimientos con Carlos y Quique, sus dos únicos amigos, dos seres que al igual que el muchacho estaban desando hacerse adultos para acabar con aquella angustiosa vida de soledad y acné. Los tres formaban el “trío patético” o así al menos, era como solían llamarlos sus compañeros de colegio.

 

Los padres de Fabián desconocían el sufrimiento de su hijo, el muchacho no quería preocuparlos con sus problemas porque consideraba que bastante tenían ellos con intentar salvar su matrimonio, un barco que en los últimos años navegaba a la deriva y que parecía no haber madera suficiente en el mundo, para tapar todas las vías de agua abiertas en su cada día más debilitado casco.

 

Quería a su madre como a nada ni a nadie en el mundo, ella lo cuidaba y con una sola caricia conseguía que Fabián se olvidase de todos sus problemas, de todas aquellas burlas y abusos que sufría en silencio. Admiraba a su padre por muchísimas cosas, pero la más importante para Fabián, era que representaba todo lo que él quería ser de mayor, un hombre fuerte, valiente, amigo de sus amigos y respetado por todos.

 

Fabián estaba sólo en casa, su padre estaba trabajando y su madre había salido a hacer la compra, normalmente Fabián la acompañaba al super, pero hoy no, hoy a las seis de la tarde había quedado con Carlos y Quique en el centro comercial.

 

Los tres chavales disfrutaban al fin de sus esperadas vacaciones de verano, algo más de dos meses sin tener que encontrarse a diario con los abusones del colegio. Solían ir al centro comercial a jugar en el ciber y a espiar sin malicia, a un grupo de niñas que estudiaba en su misma clase. Este verano los tres chavales estaban decididos, este por fin sería el año en que se atreverían a invitarlas a la verbena del pueblo.

 

Fabián terminó de ducharse, se vistió para salir y escuchó un ruido en la puerta principal, el muchacho pensó que su madre había vuelto para coger algo que había olvidado.

 

Carlos y Quique, esperaban a su amigo en la puerta del centro comercial y pasada más de una hora, les empezó a extrañar que Fabián no acudiese a su cita.

 

Eran cerca de las ocho de la tarde cuando una noticia corrió como la pólvora por todo el centro comercial y por todo el vecindario. Carlos y Quique se enteraron por las niñas que inocentemente se dejaban seguir por los tres amigos, Fabián había muerto.

 

Dos horas antes, cuando Fabián salió del cuarto de baño creyendo que su madre había vuelto, se encontró a su padre bebiendo una cerveza en la cocina. Fabián, sorprendido, le preguntó porque estaba en casa a aquella hora, su padre, se levantó, caminó hacia él y mirándolo a los ojos le dijo “Ahora la puta de tu madre sabrá que hablaba en serio”

 

Lo que más le dolió a Fabian no fueron las tres puñaladas que su padre le asestó antes de arrojarse por la ventana, ni siquiera el sordo golpe de su cabeza al estrellarse contra el frío suelo, lo que realmente hizo que las lágrimas brotasen de los ojos del niño, fue que precisamente su padre, aquel hombre que quería y admiraba, le arrebatase para siempre la oportunidad de convertirse en un hombre fuerte, valiente y respetado como él.

 

Mientras agonizaba solo, bañado en su propia sangre sobre el suelo de la cocina, pensó en su querida madre, en sus buenos y siempre cómplices abuelos, en Carlos y Quique, sus dos únicos amigos. Su último pensamiento fue para Martina, la niña rubia de la tercera fila, la niña a la que ya nunca podría invitar a la verbena del pueblo.

 

Género: Ficción

Autor: Jaime Ramos

Fecha: 13/07/2012