Amigos

I

El cirujano Enrique García estaba trabajando en el turno de tarde cuando la ambulancia del 061 realizó su siempre alarmante y estridente llegada a la entrada principal de urgencias.  El paciente, era un hombre que acababa de sufrir un accidente de tráfico, al parecer, se había saltado un semáforo en rojo y antes de estrellarse contra un camión aparcado, había atropellado a dos personas que en ese mismo instante y debido a la gravedad de sus lesiones estaban siendo trasladadas en un helicóptero medicalizado a un centro hospitalario de la capital.


El cirujano se preparó de inmediato para entrar en quirófano, los diversos traumatismos que presentaba el accidentado hacían necesaria una inmediata intervención quirúrgica. Cuando entró en la sala, sus ayudantes y el anestesista ya lo estaban esperando, el paciente, un varón de unos 46 años estaba tumbado sobre la mesa del quirófano y cuando Enrique pasó por su lado, balbuceó unas palabras casi inaudibles, el anestesista se acercó a la boca del paciente y sorprendido miro al cirujano.

 

-          Enrique –dijo– creo que quiere hablar contigo antes de empezar.


Enrique se acercó al paciente y este, con la cara todavía manchada por la sangre que manaba desde el profundo corte que desfiguraba una de sus cejas, hizo un esfuerzo para poder hablar.

 

-          Quique… lo siento, no vi el semáforo… Dios mío la he cagado…


El doctor sorprendido miró fijamente al paciente y sólo tras unos segundos logró reconocerlo. Reconoció aquella cara que ahora se ocultaba tras una grotesca máscara de cortes, sangre e hinchazón pero sobre todo, reconoció aquella voz que le era tan familiar, el paciente que se encontraba sobre la mesa de operaciones y al cual su vida dependía únicamente de las habilidades del doctor no era otro que Javi, su viejo amigo de la infancia.

 

II


Quique y Javi se habían conocido en primero de EGB, desde ese mismo día, su amistad se convirtió en la más grande que ninguno de los dos volvería a tener jamás. Juntos estuvieron durante los ocho años de colegio y juntos siguieron cuatro años más en el instituto, inseparables hasta que Javi fue expulsado y su amistad, se fue desvaneciendo para finalizar completamente el día que Quique se marchó a estudiar a la universidad.

 

-          Tranquilo amigo, ahora vamos a operarte que es lo más importante, ya tendremos tiempo luego para hablar de lo sucedido.

 

-          No lo entiendes Quique, he bebido, ¡he bebido y he atropellado a dos personas! y luego me he estrellado, esto es el fin compañero, todo está escrito.


Quique recordó que cuando eran jóvenes siempre bromeaban sobre la posibilidad de que sus vidas, de que todas las vidas en realidad, no eran más que una previsible serie de acontecimientos que seguían los dictámenes marcados por un guión escrito incluso mucho antes de haber nacido. Este pensamiento, les divertía y les ayudaba a restar importancia a esos repentinos y casi siempre bruscos cambios que todos sufrimos en algún momento de nuestra adolescencia.

 

-          Shhhhh, no digas nada más y no te preocupes por nada amigo, también estaba escrito que hoy te traerían a este hospital y que yo estaría aquí de guardia para poder curarte tus lesiones –dijo Enrique mostrando una sincera sonrisa a su amigo mientras pensaba que en realidad, esa guardia la había cambiado a última hora para no tener que acompañar a su esposa y a su hija al cumpleaños de su pesada y revoltosa amiga Elena.

 

-          Mis lesiones son incurables, estoy arruinado y ni siquiera soy capaz de decírselo a mi mujer, estoy cansado de luchar y ya no quiero ni puedo volver a empezar otra vez.


Enrique sabía mejor que nadie que su amigo no había tenido una vida fácil, poco después de ser expulsado del instituto su padre había fallecido de cáncer, por lo que el chaval se tuvo que poner a trabajar para poder ayudar a su madre a salir adelante.

 

Con muchos esfuerzos y sacrificios personales, había pasado de ser un simple aprendiz de mecánico a tener su propio taller pero ahora, con la maldita crisis que atenazaba a toda la sociedad, su taller estaba a punto de cerrar y Javi tendría que despedir a diez padres de familia. En un último intento por salvar su negocio y los puestos de trabajo de los que consideraba amigos más que empleados, había pedido una nueva hipoteca sobre la casa que su madre le había dejado en herencia y ahora, estaba a punto de perderlo todo, incluida la casa que sus padres habían construido con tanto esfuerzo.

 

Tras cerrar el taller ese día, Javi decidió acercarse hasta el bar y beberse un par de cervezas antes de regresar a casa. Dos cervezas llevaron a tres y tres a media docena. Quizás el alcohol o quizás que como siempre su cabeza estaba más centrada en los problemas que en la carretera, la verdad es que no vio el semáforo y esta vez y como él mismo decía, la había cagado bien cagada.

 

-          Quique, de verdad que lo he intentado, he procurado ser una persona honrada, he trabajado muy duro y he luchado contra todas las adversidades pero mi guión fue escrito con muy mala leche amigo mío –al decir esto último, una pequeña carcajada se bloqueó antes de salir para dar paso a una convulsión que le hizo escupir sangre.

 

-          Ei, ei, tranquilo, confía en mí, no dejaré que te ocurra nada, a base de miles de operaciones he descubierto la manera de borrar el guión que llevamos dentro y ahora borraré el tuyo para que podamos cambiarlo por el que más te guste –bromeó el doctor.

 

Enrique pensó que ojalá esto fuese cierto, que ojalá la cosa fuese así de fácil, entonces podría  arreglar muchos errores del pasado, los errores que le hacían sentirse culpable de la mala suerte de su amigo.

 

Javi y Quique habían compartido el primer cigarrillo que habían fumado en su vida, el que Javi había cogido a su padre en la boda de su prima Ana mientras este bailaba con la corbata colgada de la frente. Habían empezado a tontear con las chicas aprovechando las verbenas del pueblo y los sábados por la noche, salían juntos a romper corazones por las discotecas de la ciudad. Siempre inseparables, hasta el día en que Javi fue expulsado del instituto.

 

Enrique sabía que aunque no podía rescribir los guiones, ahora tenía la oportunidad de enmendar las cosas ocurridas muchos años atrás, hubiese hecho lo que hubiese hecho su amigo, él lo protegería ahora y no dejaría que nada ni nadie lo hiciese caer de nuevo. ¡Se lo debía!

 

El anestesista hizo un gesto al doctor y este sabía que era la señal para empezar ya con la operación, antes de que Javi se sumergiese en el suave y alucinógeno lecho de la Ketamina y el Propofol, el doctor se acercó de nuevo a él.

 

Javi, amigo, no te preocupes, te doy mi palabra de que esta vez no te fallaré y pase lo que pase estaré a tu lado, no dejaré que nadie diga nada sin mi consentimiento y te juro que saldrás de este problema. Tu nuevo guión empieza a escribirse en este mismo momento amigo mío.

 

III

Enrique ejecutó un limpio corte con el bisturí y unas gruesas gotas de sangre resbalaron por el abdomen del paciente, al verla, a su memoria vinieron las grandes letras rojas con las que 28 años atrás, alguien había escrito groseras palabras en las paredes del aula de informática del instituto, las palabras causantes de la expulsión permanente de Javi y que Enrique había pintado sólo unos minutos antes de acudir al despacho del director para culpar a su amigo.

 

Durante muchos años, Enrique se sintió realmente mal por lo que había hecho, por haber traicionado de esa manera a su mejor amigo sólo porque la chica que a él le gustaba, prefería a Javi, prefería al hijo de un albañil antes que a él, que era hijo de un exitoso empresario y de una profesora de música y a pesar de ese arrepentimiento, nunca tuvo la valentía suficiente para confesarle a su amigo la verdad de lo ocurrido, al contrario, poco a poco lo fue apartando de su vida porque con su sola presencia, lo hacía sentirse como un indeseable, como un verdadero cerdo.

 

¡Malditos años de la adolescencia, en ellos cometemos quizá los mayores errores de toda nuestra vida!

 

 

IV

Cuando Javi abrió los ojos Quique estaba sentado a su lado, lo miraba con una sonrisa en la cara y a pesar de ello, Javi vio una sombra de sufrimiento que parecía nublar la mirada de su amigo.

 

-          Todo ha ido muy bien amigo mío, saldrás de esta, en muy poco tiempo estarás totalmente recuperado y volverás a ser el mismo de siempre.


Javi lo miró en silencio, intentando recordar cuanto tiempo hacía que no se veían, quizás 4 o 5 años y esa última vez, había sido por casualidad mientras realizaban con sus respectivas esposas las compras de Navidad, un encuentro de apenas cinco minutos en el ruidoso y abarrotado pasillo del centro comercial.

 

-          Te he echado de menos tío. Me refiero a todos estos años, sabía que trabajas aquí en el hospital y que las cosas te iban bastante bien, pero nunca me atreví a llamarte para quedar a tomar una cerveza y recordar viejos tiempos. Ahora la he cagado y ya no tendremos la oportunidad de recuperar nuestra vieja amistad.


A Enrique se le encogió el estómago.

 

Era yo el que te tenía que haber llamado, era yo el que te tenía que haber pedido perdón por arruinar tus estudios y haberte obligado a llevar una vida muy distinta a la que merecías y  tenías pensado llevar. Esas eran las palabras que Quique debía y quería decir, pero sin embargo, las palabras que salieron de su boca fueran otras totalmente distintas.

 

-          Insisto en que no te preocupes por nada Javi, tendremos mucho tiempo para tomar esa cerveza y para hablar sobre lo que ya está escrito y sobre mi pequeña habilidad para poder cambiarlo. Ahora duerme un poco, dentro de una hora volveré a pasar por aquí para ver cómo te encuentras. 

 

Quique tocó el hombro de su amigo que de nuevo parecería sucumbir ante los todavía eficaces efectos de la anestesia y abandonó la sala de REA.

 

V


Caminaba por el pasillo cuando una joven auxiliar lo llamó, le indicó que dos Guardias Civiles llevaban un rato esperando para hablar con él. Caminó sin prisa por el largo pasillo mientras iba pensando en el informe que acababa de redactar. Él sabía que a Javi no le habían hecho ninguna prueba de alcoholemia debido a su estado, había dado instrucciones claras para que las primeras analíticas fueran destruidas y que no entregasen a la policía ningún otro informe sin su supervisión, al fin y al cabo, él era el cirujano jefe y el que llevaba el caso y sólo él era el indicado para hablar sobre el estado del paciente, además los agentes desconocían totalmente la amistad que años atrás se habían profesado doctor y paciente, era imposible que sospechasen algo y sin embargo, la culpabilidad para su amigo sería mucho menor así que de saberse que en el momento del accidente, conducía bajo los efectos del alcohol.

 

Durante los últimos minutos, el doctor no dejaba de pensar en la falta de ética profesional que estaba manifestando por vez primera desde que ocupaba el cargo de cirujano jefe, sabía que caminaba sobre aguas turbulentas y que estas le podían salpicar acabando así con su brillante carrera pero por otro lado, algo en su interior le decía que a pesar de mentir en un caso tan grave, en el fondo estaba haciendo lo correcto, él era el único culpable de la mala suerte de su amigo, de no haberlo acusado injustamente cuando eran estudiantes, Javi conseguiría seguramente su sueño de ser médico igual que él, de poder llevar una vida mucho mejor de la que habían llevado sus padres y por la que tanto se había esforzado hasta el día de su expulsión.

 

Desde niños, la diferente vida de los dos muchachos era más que evidente, Quique siempre tenía lo que quería, no es que sus padres fuesen millonarios, pero su situación económica si les permitía vivir sin ningún tipo de privación y esto se notaba en la vida que le podían brindar a su hijo. Por el contrario, la vida de Javi era una vida llena de carencias, su padre carecía de un trabajo fijo y su sueldo, apenas permitía a la familia llegar a final de mes, por ese motivo, Javi tenía que esforzarse más que nadie para que sus estudios no fuesen una carga más para su familia, siempre afanándose para sacar las mejores notas y poder llegar así a contar con una beca que le permitiese a él y a su familia, salir de la vida de penurias que llevaban.

 

Vio a los agentes que lo aguardaban de pie al lado de la puerta de su despacho, se apresuró un poco para dar la sensación de que tenía prisa y al llegar junto ellos, ni siquiera los invitó a pasar, simplemente se limitó a entregarles una copia del parte médico que traía en la mano. Mejor así, pensó, ahora ya no había marcha atrás, si se retractaba de lo que había escrito en el informe, su carrera como cirujano llegaría a su fin y además, tendría que responder ante la justicia por semejante negligencia.

 

Desde lo lejos, la auxiliar que momentos antes le había dado el aviso vio como el doctor caía al suelo con la espalda pegada a la pared, corrió hacia los tres hombres y al llegar comprobó que Enrique estaba con la mirada perdida y unas pesadas lagrimas resbalaban sobre sus mejillas.

 

-          Maldita sea, ¿pero qué ha pasado aquí? –preguntó a la vez que se acachaba para ver el estado del doctor.

 

-          Lo siento señorita. –dijo el agente que parecía un poco más mayor y que sostenía el informe en sus manos– Le hemos pedido que entrará en el despacho y se sentará, pero no nos hizo caso e insistió en hablar con nosotros aquí mismo.

 

-          ¿Y?

 

-          Verá… le acabamos de comunicar que las personas que han sido atropelladas esta misma tarde han sido identificadas como la esposa y la hija del doctor Enrique García, lo sentimos mucho, pero hemos tenido que informarle que ambas han fallecido minutos después de llegar al hospital.

 

 

Epílogo

 

Dicen que al final, somos el resultado de las decisiones que tomamos a lo largo de nuestra vida. Pero yo me pregunto ¿cuánto pueden influir realmente nuestras decisiones si en realidad, ya todo está escrito? Si no somos más que una previsible serie de acontecimientos que siguen los dictámenes marcados por un guión escrito incluso mucho antes de que hayamos nacido.

 

 

 

Dedicado a Kasqui, mi amigo desde la infancia.

Género: Ficción

Autor: Jaime Ramos

Fecha: 03/08/2012