El objetivo

A pesar de que la naturaleza no lo había bendecido con el don del camuflaje, esperaba gracias a su esfuerzo y aprendizaje resultar invisible ante los astutos ojos de su objetivo.

 

Para que todo resultase según lo previsto, se levantó de la cama horas antes de que el sol hiciese su aparición en el horizonte, caminó hasta el escondite que semanas antes había preparado en un lugar estratégicamente elegido y con la clandestinidad que le proporcionaba la oscuridad de la noche, se ocultó en su angosto interior, agazapado y preparado para lo que estaba por venir.

 

Mentalmente repasó todas las adversidades que se podían producir por culpa de las muchas circunstancias aleatorias de las que dependía el éxito de su misión. No era por supuesto la primera vez que disparaba, pero nunca lo había hecho a una distancia tan corta ni a un objetivo tan esquivo a pesar de la protección con la que ella contaba.

 

Lentamente, los primeros rayos de luz hicieron su aparición por detrás del escondite, observó como ante si las largas y tenues sombras del amanecer se encogían a medida que el sol iniciaba una vez más su imperturbable ascenso matutino. Cauteloso, se posicionó listo para ejecutar su trabajo.

 

Durante meses había visitado y estudiado la zona con el máximo sigilo posible, su objetivo era animal de costumbres y él sabía que siempre pasaba por allí a primera hora de la mañana, a pesar de ello, el paso de los minutos hicieron que un frío sudor recorriese su espalda, ¿y si hoy no aparecía? ¿Cuánto tiempo debía permanecer allí oculto para no descubrir su posición? Las preguntas se agolpaban en su cabeza provocándole una ansiedad inusitada, sabía que en una situación así, podía resultar demasiado fácil cometer un error de principiante.

 

Habían pasado casi dos horas desde el alba cuando un cercano ruido lo alertó, inmediatamente tuvo la corazonada de que era ella, lo sabía y por ello acercó lentamente su ojo al pequeño visor. Sin necesidad de mirar, estiró su dedo índice que guiado por la repetitiva costumbre forjada durante años, se situó con suavidad sobre el lugar apropiado, listo para disparar.

 

Al fin el objetivo estaba a su alcance pero se estremeció al comprobar el verdadero motivo de su retraso. En esta ocasión y por vez primera desde que él había iniciado su seguimiento, ella venía acompañada por sus dos pequeños y esto, sin duda, lo cambiaba todo. Durante unos segundos olvidó su cometido y se limitó a observarlos, sabía que probablemente no volvería a tener una oportunidad como esta, por ello finalmente, se dispuso a disparar intentando ser más preciso que nunca.

 

Acabada la misión y tras comprobar que todos se habían ido, salió de su escondite satisfecho por el nuevo objetivo logrado, deseaba llegar a casa y comprobar los resultados pero tras una primera y rápida ojeada en la pequeña pantalla de su cámara, el fotógrafo de naturaleza tenía la certeza de que las fotos del Lince eran magníficas, incluso mucho mejores de lo que inicialmente había previsto gracias a la aparición inesperada de los dos cachorros que acompañando a su madre, abandonaban por vez primera la guarida para participar en una iniciadora y educativa cacería.

 

Autor: Jaime Ramos

Género: Ficción

Fecha: 17/08/2012

 

Nota del autor:

Relato publicado con motivo de la celebración el 19 de agosto del Día Mundial de la Fotografía.