Capaz

Desde lo más alto y durante unos minutos, su mente se trasladó al pequeño rincón donde se almacenaban sus primeras memorias, allí, entre miles de recuerdos, rescató aquellos que le parecieron más significativos, aquellos que le recordaron como la perecedera inocencia infantil, le hizo sentirse como un niño más, como un niño amado y protegido por unos padres que no dudarían en entregar su vida a cambio de la de él.

 

Irremediablemente, esa frágil y fugaz inocencia que todos tenemos al nacer, se rompió en mil pedazos cuando la vida le enseñó que a pesar de todo, él sí era un niño diferente, y con la dureza que lo suele hacer siempre, se lo mostró de la manera más cruel posible. La sociedad no estaba, ni está aún ahora, preparada para facilitar la vida a una persona como él, a un joven que siendo aún un niño, descubre que su falta de brazos lo condenará a ser diferente a pesar de que una voz interior, le repetía incansablemente que la incapacidad no es un problema físico, sino un estado de ánimo.

 

Su paso por el colegio no hizo más que agravar la fragilidad de su autoestima, desde un banco del patio, observaba cada día como los demás niños jugaban y se divertían durante el recreo, mientras él, probaba el amargo sabor de la sangre que brotaba cuando con rabia mordía sus labios para contenerse y no gritar al cielo, reclamando lo que el cielo no podía darle.

 

La adolescencia estuvo a punto de conseguir que por vez primera se rindiese, pero la voz interior que lo acompañaba desde niño, le gritaba una y otra vez que siguiese luchando y gracias a ella, consiguió ganar de nuevo una batalla que a priori parecía perdida, pues como en todas las contiendas, la razón huye mucho antes de que la conciencia retome de nuevo el rumbo correcto.

 

Desde lo más alto y durante unos minutos, recordó todas las dificultades que tuvo que superar durante años para llegar allí, las numerosas piedras del camino que tuvo que sortear cada día de su vida. Orgulloso de no haberse rendido a pesar de que la sociedad, esa sociedad que en demasiadas ocasiones se muestra injusta e insolidaria, nunca lo ayudó realmente a superar sus problemas. Era cierto que algunas veces se habían acercado a él y le habían mostrado públicamente un apoyo incondicional, hombres poderosos que prometían una y otra vez que las cosas cambiarían gracias a ellos, pero en casi todas esas ocasiones, tuvo la certeza de que era un apoyo interesado, ejecutado por personas vanidosas que buscaban un rédito personal a cambio de esa repentina muestra de comprensión. Pasado su momento de necesidad, las puertas se cerraban y esos mismos hombres se agachaban tras las barreras administrativas que ellos mismos creaban para sentirse a salvo, a salvo del paralítico que venía a preguntar por aquellas esperanzadoras promesas como siempre incumplidas.

 

Desde lo más alto, se sintió como si estuviese sobre la cima de una altísima montaña cuya larga ascensión había comenzado el mismo día de su nacimiento. Desde lo más alto del pódium, miró el estadio puesto en pié y en la lejanía escuchó las sentidas ovaciones que hacía él iban dirigidas. Entre el público, pudo ver los orgullosos y emocionados rostros de sus padres, de su esposa, de su  pequeño y amado hijo.

 

Bajó la cabeza y una vez más, observó la resplandeciente y dorada medalla olímpica, sus ojos se nublaron por las lágrimas derramadas y una familiar voz interior, lo felicitó por ser diferente, por ser un luchador, por no haberse rendido nunca.

 

 

Género: Ficción

Autor: Jaime Ramos

Fecha: 31/08/2012

 

Dedicado a todos los deportistas que hoy están demostrando en las paralimpiadas de Londres

que ellos son realmente capaces y por supuesto, a todas las personas que sufren algún tipo

de problema físico, psíquico, intelectual y/o sensorial.