Marcas en el cielo

 

I – El descubrimiento

 

Cuando el médico le pidió que se sentase, algo en su interior le anticipó que el resultado de las pruebas realizadas por el laboratorio patológico no era el esperado. A pesar de que las biopsias previas a la intervención habían dado siempre un resultado negativo, el análisis del tumor extraído mostraba ahora un resultado bien diferente al deseado y sólo dos semanas después, el tratamiento quimioterapéutico ya irrumpía brutalmente en su vida.

 

A pesar de que sospechaba lo que se encontraría en el hospital, no dejó de sorprenderle la cantidad de pacientes que diariamente acudían a recibir su agresiva dosis de quimioterapia, al igual que le sorprendió y le conmovió, la joven media de edad de los enfermos que allí se encontró.

 

Las conversaciones con otros pacientes se convirtieron en algo habitual, en parte porque de alguna manera había que sobrellevar las largas horas que el tratamiento los obligaba a permanecer tendidos o sentados en las altas sillas reclinables del hospital de día. Por otra parte, porque inconscientemente la enfermedad que padecían se había convertido en su diario y casi monotemático tema de conversación.

 

Fue así como conoció a Pablo, un joven con metástasis que sabía que aquel tratamiento, era el precedente a unos cuidados paliativos que más pronto que tarde significarían el fin.

 

Las largas sesiones en las que compartieron quimio y conversaciones sobre los desagradables efectos que esta producía, dieron paso a una relación de amistad de esas que sólo se consigue cuando dos o más personas viven juntas una situación extrema, y sin duda, aquella lo era por derecho propio.

 

Pocos días antes de que Pablo terminase su tratamiento, le preguntó si sabía lo que era el “Chemtrail”. Cuando él negó con la cabeza, Pablo esbozó una sonrisa y le dijo que no dejase de buscar información al respecto, pero que a pesar de ello, él mismo le mandaría por e-mail los datos, fotos y enlaces que había ido recopilando a lo largo de los últimos meses.

 

De vuelta en su casa, tumbado en la cama, recordó la conversación mantenida con Pablo ese mismo día. Deseaba buscar la información de la que su amigo le había hablado, no obstante, sabía que todavía debería aguardar varias horas hasta que los persistentes vómitos le concediesen una breve tregua.

 

Cuando se sentó frente al ordenador, la primera impresión que tuvo fue de incredulidad, pero esta pronto dio paso al miedo y a una visceral sensación de odio y rabia, esperaba que lo que estaba leyendo no fuese verdad, esperaba que lo que miles de personas escribían diariamente en la red, no fuese más que una conjetura inventada por los amantes de las teorías conspiratorias pero cuanto más leía, cuantos más buceaba en las profundidades de la red digital, más pruebas y testimonios encontraba, cientos de ellos incluso relacionados directamente con su pueblo y con el pueblo vecino donde residía su nuevo amigo Pablo.

 

 

 

II – Teorías

 

Su siguiente visita al hospital de día estuvo marcada desde primera hora por una angustiosa ansiedad, una sensación de vértigo que le provocaba una enérgica presión en el pecho hasta dejarlo casi sin aliento, a diferencia de las anteriores citas, deseaba llegar cuanto antes para poder hablar con Pablo de todo lo que había encontrado sobre el hasta ahora desconocido para él “Chemtrail”.

 

Para cuando llegó, Pablo ya estaba sentado en su silla habitual leyendo sin mucho interés el diario local, mantenía su brazo derecho estirado para no entorpecer el flujo que la aguja inyectaba directamente en su corriente sanguínea, la inyectora del líquido proveniente de múltiples bolsas de plástico trasparente, recubiertas con papel de aluminio para protegerlas de la luz y que colgaban de los soportes anclados a las sillas.

 

Cuando se sentó, Pablo sonrió y sin mirarlo le preguntó.

 

  - ¿Y bien, que te parece lo que has encontrado?

  - ¿Por qué sabes que lo he buscado?

  - Tu ansiedad amigo mío, ni siquiera me hace falta mirarte a la cara para saber que llevas días pegado al ordenador, por cierto, cuando llegues a casa revisa el correo, antes de salir para aquí te envié los datos que te comenté el otro día.

  - Pablo ¿tú crees realmente que lo que dicen todas esas personas es verdad?

  - ¿Cuántos miembros de tu familia más cercana padecen cáncer?

  - ¿Cómo?

  - Eso ¿qué cuantos familiares cercanos han sufrido la enfermedad en los últimos tiempos?

        

Él se quedó pensando, más para saber si debía contestar a aquella pregunta que para llevar la cuenta, el número lo tenía grabado en su cabeza pues era en lo primero que había pensado a raíz de conocer su diagnóstico.

 

  - La verdad es que unos cuantos, a parte de mí y de mi padre, una tía por parte de madre, dos primos, un tío político y mi abuela.

  - ¿Y me preguntas si lo que encontraste es verdad? En mi familia somos cuatro los enfermos, en la tuya siete, creo que eso debería de bastar para eliminar las dudas que aún puedas tener.

  - Pero me resulta imposible creer que eso pueda ser verdad, que esté sucediendo todos los días y que nadie lo denuncie públicamente. Piénsalo Pablo, si eso fuese verdad ¿quién estaría a salvo? nadie, es imposible que todo el mundo calle sabiendo que ellos y sus familias pueden correr la misma suerte que nosotros, todos estarían expuestos.

  - Quizá todos no, yo tengo mi propia teoría.

  - ¿Y cuál es?

  - Te lo explico detalladamente en los archivos que te envié, pero piensalo tú mismo, ¿y si hubiese una vacuna a disposición sólo de los que conocen la verdad? ¿Qué necesidad tendrían entonces de hablar? Además estoy seguro de que antes de llegar a conocer esa verdad, les obligarán a firmar algún tipo de documento secreto que les impida hacerlo.

  - Si, como en las películas, eso sí que me resulta imposible de creer.

  - Nada es imposible amigo mío, si hace sólo unos años alguien hablase sobre la posible existencia de documentos secretos, donde se narra con todo detalle las atrocidades que algunos gobiernos realizan amparándose en la defensa del país, amparándose en una declaración de guerra o en una ley antiterrorista, muchos nos preguntaríamos como tú lo haces ahora, si los conocedores de esa verdad no lo harían público. Pero ahora sabemos que existe Wikileaks, sabemos lo que pueden hacer a un hombre como Julian Assange, perseguirlo sin descanso por todo el planeta, acusarlo del delito que estimen más oportuno y acorralarlo como a una rata hasta dejarlo sin escapatoria. Los gobiernos tienen el poder de controlar ciertos medios de comunicación, si la orden es desacreditar a un solo individuo ¿qué o quién les impedirá hacerlo? ¿Cuántos gobiernos en el mundo han pedido la libertad del Sr. Assange? ¿Cuántas personas se debaten entre si es un pirado y un pervertido sexual o si es un valiente decidido a jugarse la vida por dar a conocer esos documentos secretos? ¿Cuántos gobiernos han reconocido la verdad y han prohibido los actos de barbarie que él dio a conocer al mundo?

Una última teoría, bueno más bien se trata de recordarte una información que hace poco saltó a la prensa mundial. Me imagino que habrás leído la acusación directa que Hugo Chávez hizo sobre el gobierno de los Estados Unidos en la que los culpaba de ser los responsables de los casos de cáncer que padecían varios dirigentes sudamericanos, en seguida se le acusó de loco y provocador desacreditando de inmediato sus palabras, la propia forma de ser del presidente venezolano y sus continuos ataques verbales a los Estados Unidos ayudaron a dar poca credibilidad a esa acusación, pero lo cierto es que contando al propio Chávez, fueron cinco los casos registrados entre los mandatarios sudamericanos de manera casi simultánea.

Amigo Pablo, creo que hoy en día de la única verdad de la que nos podemos fiar es de la que nosotros mismos podamos corroborar, no existe ninguna otra verdad.

 

Durante unos minutos, ambos permanecieron callados, la explicación que Pablo le había dado no estaba exenta de cierto razonamiento y de cierta credibilidad.

 

Pablo sonrió de nuevo y pasó la mano por su calva cabeza.

 

  - Amigo mío, como ves no tengo un pelo de tonto, ni de tonto ni de nada, dicen que es un efecto secundario del tratamiento, ¿pero a ti a que te recuerda?

  Cada vez que me miro en el espejo veo a un tío que apenas conozco, si dejo la habitación casi a oscuras cuando me miro, los huesos de mi cara parece que están a punto de salirse de este saco de piel en el que se ha convertido mi rostro. El recuerdo de los campos de concentración salta constantemente a mi cabeza, si, ya sé que esto es una idea totalmente descabellada, pero tengo la sensación de que el mundo entero es un gran campo de concentración, donde no somos capaces de ver las alambradas puestas para controlarnos debido a su colosal tamaño, no están hechas para separar barracones como antaño, sino para separar países enteros, las fronteras están llenas de esas alambradas amigo mío. Nos separan según nuestra raza, nuestra religión, nuestras costumbres, o simplemente según el lugar del planeta donde hayamos nacido. No nos permiten ser seres humanos libres en un mundo libre, ellos deciden quienes pasarán hambre, quienes no tendrán ninguna oportunidad de vivir una vida digna, quienes deberán de trabajaran duro para mantener el sistema, a quienes utilizarán para sus nuevos experimentos y sólo unos pocos, sólo unos pocos privilegiados en todo el mundo serán los encargados de dirigir el mayor campo de concentración y exterminio que la humanidad haya conocido jamás, el planeta tierra es ese campo amigo mío.

 

Él ni siquiera parpadeaba, escuchaba las palabras de Pablo sin saber si creerlo o si pensar que estaba escuchando las palabras de un loco, pero en el fondo sabía que aquellas palabras no eran del todo inciertas, al contrario, eran lo suficientemente reales, crudas y horrorosas para reconocer por ejemplo, que miles de niños estaban condenados a morir de hambre o a ser esclavos sólo por haber nacido en un lugar determinado del planeta.

 

Miró de nuevo a Pablo y vio como este se recostaba en la alta silla con los ojos cerrados. Al observarlo, no pudo evitar ahora compararlo con los hombres que tantas veces habían visto fotografiados tras las alambradas de los campos de concentración alemanes de principios del siglo pasado. Ni tampoco en pensar que de nuevo Alemania, era el país que escribía la hoja de ruta a seguir por otros muchos países que se encontraban bajo su contundente y poderoso dominio económico.

 

Se recostó también en su silla, pensativo, y casi sin pensarlo preguntó

 

  - ¿Y que ganarían ellos si todo eso fuese verdad? Quiero decir, ¿por qué algunos países permitirían que esto ocurriese? al fin y al cabo ahora mismo vivimos una gran crisis mundial y todo esto creo que no ayudará a solucionarla, al final todos salimos perdiendo.

  - Sabias palabras las de aquel que dijo que no hay más ciego que el que no quiere ver. Sinceramente crees que el mundo tiene futuro, al paso que vamos, en unos pocos cientos o miles de años habremos acabado con todo el planeta, nos comeremos los unos a los otros y aun así, la población mundial seguirá creciendo y creciendo hasta que todo llegue a un punto de no retorno. Ese es el principal motivo de todo esto, es necesario aligerar el peso de este planeta y nosotros somos el lastre del que hay que deshacerse para evitar su hundimiento. Ellos lo saben y hace muchos años que han decidido tomar cartas en el asunto, mientras a nosotros, nos tienen apresados con la preocupación de intentar sobrevivir, de buscar un trabajo para poder mantener a la familia en medio de esta crisis que ellos mismos han creado. A ratos nos ofrecen diversiones para masas, deportes y entretenimiento variado que tienen el mismo fin que tenía el sonido que salía de la flauta en el cuento del flautista de Hamelín, sólo que en lugar de como ratas nos conducen como borregos hacia donde ellos quieren que vayamos, más preocupados de si nuestro equipo gana la liga o de si la princesa del pueblo tiene un nuevo novio, que de levantar la cabeza y preguntarnos qué son esas extrañas marcas en el cielo. Hasta tal punto nos tiene dominados, que incluso se han permitido el lujo de dejar de ser discretos.

Pero tengo otra teoría para ti ¿a ver qué te parece?

  A finales de los años noventa, la población mundial empezó a asustarse por las continuas noticias de que la llegada del nuevo milenio podría significar el fin del mundo, al menos, ser el origen de catastróficos accidentes y fallos producidos por una caída inesperada de los sistemas informáticos de todo el planeta. Justamente en el año 1999, el periodista William Thomas dio a conocer por vez primera la existencia de los “Chemtrails” ¿coincidencia, o algunas personas intentaron avisarnos de lo que estaba a punto de suceder? Quizás no entendimos su mensaje, quizá cuando dijeron que los sistemas informáticos acabarían con nosotros a partir del año 2000 entendimos otra cosa, inducidos de manera sutil y premeditada por el cine y la televisión que enseguida nos ofreció su particular visión de lo que podía suceder ¿para qué pensar por nosotros mismos si ya otros los hacen por nosotros y nos lo muestran en 3D y dolby surround?

  Las estadísticas dicen que cada año nacen alrededor de 132 millones de personas, que mueren unos 57 millones y que por lo tanto el aumento de la población es de aproximadamente unos 75 millones de personas ¡cada año!, te imaginas que cifras barajaríamos si no hubiese revueltas, guerras, terrorismo, enfermedades, tsunamis y demás. El objetivo de todo esto no es otro que el de tratar de invertir esos resultados.

 

 

 

III - Marcas en el cielo

 

 

Después de varios minutos de silencio, reinició su conversación con Pablo para reconocer casi con vergüenza que su preocupación se debía a que él mismo había visto las marcas en el cielo, que el mismo había visto los temidos Chemtrails.

 

  - Hace poco más de un año… vi las marcas en el cielo, llevaba varias semanas fijándome en el extraño fenómeno y yo mismo les hice una foto, pero hace ya varios meses que no las he vuelto a ver.

  - Si la explicación fuesen las estelas de los aviones comerciales como que ellos dicen, ¿por qué entonces han desaparecido de repente? -preguntó Pablo- Recuerdo que de niño me encantaba ver las marcas que lo aviones dejaban en el cielo, pero no tengo ni un solo recuerdo de que esas marcas no fuesen desapareciendo tras el avión y mucho menos, que durasen varias horas hasta fundirse o confundirse con las propias nubes. En el momento que esta información se expandió por Internet y se convirtió en incontrolable, las marcas desaparecieron o bien las rutas fueron modificadas para no ser tan evidentes, incluso algunos afirman que ahora las fumigaciones sólo las hacen por la noche para tratar de ocultar así su rastro.

  - Todavía hay algo que no comprendo, aun reconociendo que todo esto pueda ser verdad, ¿por qué unas personas enferman y otras no? ¿Qué hace que este ataque pueda ser tan selectivo?

  - ¿Selectivo? Para nada amigo mío, las enfermedades no afectan de la misma manera a todas las personas, al igual que por ejemplo no todo el mundo reacciona igual frente a la lactosa o a la picadura de una abeja. Migrañas, alergias, tumores, enfermedades nerviosas, neuronales, picores, cefaleas, todo pueden tener su origen en las fumigaciones, cada día hay más enfermedades, más agresivas y más habituales, intentar buscar un patrón u origen común es tarea imposible debido a la alta diversidad y a su expansión mundial.

  Fíjate en esta sala, cada día hay más pacientes, fumigación, alimentación o incluso vacunas alteradas pueden estar detrás de todo esto. Millones de personas en todo el mundo fueron vacunadas contra una gripe A de la que nunca llegó a demostrarse su tan anunciada agresividad, ni siquiera hoy se sabe si realmente esa gripe existió fuera de los propios laboratorios, pero millones de personas acudieron a recibir su dosis sin hacer preguntas, sólo porque nos metieron el miedo en el cuerpo hablando de miles de fallecidos que luego se demostró que no eran reales.  Si sólo un dos o tres por ciento de las personas vacunadas desarrollaron una enfermedad por culpa de esa vacuna, ¿cómo se puede demostrar eso ahora? Es imposible y ellos una vez más, han conseguido su objetivo, eliminar parte del lastre de este pesado planeta.

 

 

 

IV – El reencuentro

 

 

Salió de su casa muy temprano, a pesar de estar ya a mediados de septiembre la temperatura era agradable y el sol, todavía en el horizonte, iluminaba ya con relativa fuerza todo el cielo, de fijó casi sin querer y allí estaban de nuevo las marcas en el cielo, no se sorprendió, ni se asustó, simplemente volvió a entrar en la casa y desde su ventana las estuvo observando durante horas, vio como muy lentamente se extendían hasta convertirse en las finas y aparentemente inocentes nubes de un día claro.

 

 

Después de unos años de relativa tranquilidad, las pruebas a las que periódicamente se sometía para controlar su salud habían dado de nuevo un resultado positivo. Esta vez el tratamiento no había surtido efecto y su estado era irreversible. Durante sus visitas al hospital había echado de menos a su amigo Pablo, la verdad es que cada día lo echaba en falta desde que habia muerto sólo tres meses después de haberlo conocido.

 

 

Envió desde su ordenador un e-mail al joven que recientemente había conocido en el hospital de día. Sonrió al recordar su cara cuando le preguntó si sabía lo que eran los Chemtrails, la misma que él había puesto cuando Pablo se lo preguntó por vez primera. En el correo estaban los miles de datos que primero Pablo y luego él, habían recopilado con la intención de que algún día, alguien con el poder y el valor suficiente decidiese poner fin a esto. Sabía que él ya no vería ese día, pero no le importó, hacía ya mucho tiempo que había aceptado su destino, estaba en paz consigo mismo e incluso había decidido hacer las paces con la sociedad que tantas veces se muestra desentendida y lejana con las desgracias personales, ya todo daba igual, sabía que muy pronto se reencontraría con su amigo Pablo en un lugar más allá de las marcas en el cielo y eso, lo reconfortó e hizo que con su último aliento de vida, esbozase de nuevo una sonrisa.

 

 

Género: Ficción

Autor: Jaime Ramos

Fecha: 14/09/2012


Notas y enlaces añadidos por el autor:


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