Tienes una llamada perdida

Todos leemos a diario noticias o alguno de los múltiples avisos que circulan por las redes sociales sobre llamadas perdidas de números desconocidos que quedan registradas en nuestros móviles y que casi siempre, las dejamos quedar ahí a la espera de que el, o la, interesada, vuelva a llamar de nuevo, otras veces sin embargo y en contra de esos avisos que la mayoría consideramos leyendas urbanas, pulsamos de manera inconsciente el botón de rellamada sin saber realmente quién nos contestará desde el otro lado de la línea.

 

Eso fue lo que le ocurrió a la protagonista del relato de hoy, que movida por la esperanza de que esa llamada fuese la que llevaba semanas esperando, no dudó en llamar al número que aparecía en su Smartphone, sabía que de estar en lo cierto, esa llamada le reportaría una importante y necesaria expectativa en su difícil situación laboral.

 

Tres tonos fueron suficientes para que el teléfono diese señales de que alguien había cogido desde el otro lado, pero con los nervios y al no escuchar más que silencio en la línea, decidió tomar la iniciativa y hablar ella primero.

 

  -  Hola, soy Ángeles Bermúdez y tengo una llamada perdida desde ese número

  -  (silencio)

  -  Hola, ¿hay alguien?

  -  (un fino crepitar de la línea)

  -  Soy Ángeles Bermúdez y tengo una llamada perdida desde este número 

  -  Hola Ángeles- dijo una grave voz de mujer y de repente sonó como si todas las interferencias de todas las líneas del mundo se concentrasen sólo en esa llamada.

  -  Si mire, es que hace más o menos una hora me llamaron de este número y la verdad no se ni quién ni para qué me llamaron… ¿Me oye? es que hay muchas interferencias.

 

La voz grave se transformó de repente en una voz angustiada y suplicante.

 

  -  Ángeles, tienes que ayudarme, necesito salir de aquí y tú has sido la única en responder a mi llamada.

  -  ¿Cómo? No entiendo, ¿con quién hablo por favor?

  -  Ángeles, llevo demasiado tiempo aquí, creo que ya he pagado mis errores y necesito que alguien me avale para abandonar este lugar.

  -  Mira, si es una broma puñetera la gracia que tiene, vete a gastarle bromas a otra que te siga el juego, chao.

  -  No cuelgues por favor, llevo mucho tiempo intentando contactar con alguien y si me cuelgas quizás no pueda volver a llamar nunca más.

  -  …… Entonces dime quién eres y que es lo que necesitas- contestó incrédula y dudosa.

  -  Quién soy es mejor que no lo sepas pero aun así necesito que confíes en mí para que puedas ayudarme a escapar de esta prisión.

  -  ¿Prisión? ¿a qué te refieres? ¿te tienen secuestrada o algo por el estilo?

  -  Si, algo por el estilo, sólo necesito que alguien, quien sea, me ayude.

  -  ¿Y cómo puedo ayudarte?

  -  Sólo necesito saber que estés dispuesta a hacerlo, si no es así, de nada vale que te cuente más, si estás dispuesta a ayudarme, sólo necesito que me lo digas para saber que es verdad que me ayudarás a salir de aquí.

  -  De acuerdo.

  -  ¿De acuerdo qué? tienes que decirme que estás dispuesta a ayudarme a salir de aquí, con esas mismas palabras para que yo pueda creerte de verdad.

  -  Vale, aunque esto me parece una broma realmente tonta te lo digo. Estoy dispuesta a ayudarte a salir de ahí- En realidad se lo decía porque algo en aquella voz de súplica le presagiaba que quizás no se tratase de una broma y que aquella chica podía estar en un verdadero apuro.

  -  Gracias Ángeles y suerte, la necesitarás.

  -  ¿La necesitaré para qué? ¿De qué coño va todo esto?

 

De nuevo la línea enmudeció, ella se quedó en silencio intentando escuchar algo más cuando de repente, un fuerte ruido mezclado con lo que podían parecer cientos de lamentos y gritos la hizo apartar el teléfono de su cara, con miedo, volvió a acercar el auricular y sólo llegó a escuchar extraños ruidos que pensó se debían de nuevo a interferencias.

 

Casi de manera instantánea notó que algo no iba bien, quiso moverse pero parecía como si de repente pesase una tonelada y un extraño escalofrío recorrió todo su cuerpo, sintió como un repentino vértigo se apoderaba de ella hasta hacerla perder el equilibrio, intentó inútilmente apoyarse en la mesa que tenía a su lado pero su brazo no reconoció las ordenes de su cabeza e irremediablemente, descubrió como caía al vació para estrellarse con total seguridad contra el duro suelo de la cocina, pero su cuerpo nunca llegó a tocar el suelo.

 

Despertó en una especie de fantasía, de mundo irreal. A su alrededor cientos, quizás miles de personas, se movían entre las sombras sin rumbo fijo, se fijó en las que pasaban más cerca y a pesar de que la distancia era realmente corta, no fue capaz de ver sus rasgos faciales, era como si sus caras hubiesen sido borradas, mejor dicho, en realidad era como si estuviese viendo una fotografía y a las personas que en ella aparecían les hubiesen difuminado el rostro con un programa de retoque digital, como hacen en las revistas con los niños para que no se les reconozca, pero esto no era una fotografía, ella estaba allí , de pie en ningún lugar reconocido ni reconocible, envuelta por una penumbra que no dejaba ver más allá que un enorme espacio oscuro e indefinido, acorralada por cuerpos que parecían desplazarse en todas direcciones y en ninguna, rodeada de rostros desenfocados que se giraban hacia ella emitiendo una insoportable sinfonía de lamentos y quejidos sin detenerse en su monótono camino hacía ningún lugar.

 

Se sobresaltó cuando el teléfono vibró en su mano pues ya no se acordaba de que todavía lo sujetaba con fuerza, pulso el botón para coger la llamada y tímidamente lo acercó a su oído.

 

  -  ¿Sí?- dijo con una angustiada y grave voz que no reconoció como la suya.

  -  Hola de nuevo Ángeles, veo que has tenido suerte y todavía conservas tu teléfono- dijo esta vez una voz que le resultó muy familiar a pesar del constante ruido de la línea.

  -  Dios mío, ¿qué ha pasado? ¿Qué es todo esto? ¿Dónde estoy? ¿pero tú quién eres?

  -  Ángeles, soy una chica normal, como tú, una chica que hace casi dos años recibió una llamada que no debía de haber atendido. Al igual que yo has tenido suerte y en el viaje no has perdido tú teléfono, por eso te llamo, guárdalo, que no te lo vean o los otros tratarán de quitártelo, el teléfono es tu única puerta de salida.

  -  ¿Pero salida de dónde? ¿hacia dónde? ¿qué es todo esto?

  -  Lo siento Ángeles… estás en el camino hacia ninguna parte, todos esas personas que están ahí contigo son en realidad almas perdidas que buscan una salida hacia algún lugar, el que sea, necesitan encontrar el camino de la luz o bien el camino de regreso al mundo que hace tiempo que dejaron atrás. 

Hace muchos años, una joven llegó ahí tras sufrir un grave accidente de coche, al parecer iba hablando por teléfono y no se sabe muy bien cómo se llevó con ella el maldito aparato, entonces descubrieron que esa es la única puerta que todavía puede comunicar los dos mundos y si encuentras a la persona adecuada, esa puede ser la vía de escape, aunque para ello haya que pagar un alto precio y deban permanecer ahí personas inocentes a las que todavía no les había llegado su momento, personas como tú y como yo.

  -  Dios, no entiendo nada, tienes que ayudarme, tengo que volver a mi casa.

  -  Eso es imposible Ángeles, ahora yo estoy en tu casa, en tu cuerpo, ahora yo soy tú y ya nadie podrá cambiar eso. Sólo podrás salir de ahí si alguien responde a tu llamada y se compromete a ayudarte, sólo así podrás abandonar ese lugar para ocupar un nuevo cuerpo en este lugar que llamamos vida.

  -  No es posible, estoy soñando, esto no puede estar sucediéndome en realidad.

  -  Ángeles, por desgracia yo no tuve la suerte de que la persona que ocupó mi cuerpo me llamase para contarme lo que yo te estoy contando a ti ahora, he tardado mucho tiempo en descubrirlo y si las otros seres te ven el teléfono, ten por seguro que harán lo que sea necesario por apoderarse de el y créeme, el estar ahí no es lo peor que te puede llegar a suceder.

  -  ¿Pero qué coño me estás contando? ¡Ayúdame joder!

  -  De veras que lo siento.

  -  ¡¡¡Oye… maldita sea ¿sigues ahí? Tienes que ayudarme joder!!!

  -  (silencio)

 

 

 

Revisó los mensajes de su teléfono “Tienes una llamada perdida” sin pensarlo, pulsó el botón de rellamada de aquel número desconocido.

 

  -  Hola, soy María Benítez y tengo una llamada perdida de ese número.

  -  (silencio)

  -  Si ¿hay alguien ahí?

  -  Hola María… 

 

Género: Ficción

Autor: Jaime Ramos

Fecha: 05/10/2012

 

 

Nota del autor.

Dedicado a mi ahijada Ara por servirme sin querer, como fuente de inspiración para este relato.