Sueños premonitorios

Dormía tranquilamente cuando de repente despertó sobresaltada, no sabía exactamente por qué. Como a muchas personas les pasa, aquella era una de esas veces en las que te despiertas con una perturbadora angustia, como si soñases con algo realmente terrible pero que eres totalmente incapaz de recordar en ese momento.

 

Intentó de nuevo conciliar el sueño, pero le resultaba imposible, se giró hacia un lado, luego hacia el otro, pero la angustia vivida seguía ahí, golpeando su estado de ánimo hasta que al final, se sentó en la cama, abrió la mesilla, cogió de nuevo el libro que había estado leyendo unas horas antes y encendió un cigarro.

 

Cuando cesó la lectura, habían pasado dos horas y siete cigarrillos, decidió darse por vencida porque estaba segura de que la lectura ya no la ayudaría a dormirse esa noche.

 

Encendió el televisor, buscó un canal que no estuviese emitiendo la insufrible tele-tienda y tras un rato viendo una vieja reposición, bajó de la cama, puso sus zapatillas rojas y salió de la habitación para ir a la cocina a por un vaso de agua. En lugar de llevar el vaso para la habitación, bebió su contenido allí mismo, mirando de reojo el calendario que colgaba al lado de la puerta, repasando mentalmente las fechas y los compromisos que tenía anotados para los próximos días. Ir al banco, al hospital a que le hiciesen una radiografía debido a su repentino e insistente dolor de espalda, a recoger el móvil nuevo –el viejo le había caído dentro de la freidora en un tonto descuido- y pasarse por el centro psicotécnico para renovar su carnet de conducir. Todavía bebía cuando el silenció repentino del televisor la sobresaltó, esperó unos segundos pensando que sería un silencio natural dentro de la programación pero el sonido no volvía. Dejó el vaso con cuidado sobre la mesa, miró a su alrededor y cogió un cuchillo que estaba en el escurridor. Por un momento pensó en reírse de ella misma al verse en una situación como aquella, pero esta noche la estaba poniendo de los nervios y la sonrisa no pasó, de ser solamente, una fugaz idea en su cerebro.

 

Caminó con calma hacia la habitación, miró desde el umbral y todo seguía en su sitio, el libro y el cenicero rebosante de colillas sobre la mesilla, la manta corrida a los pies de la cama como la había dejado, la luz de la mesilla encendida, y el maldito televisor apagado, entró y se quedó mirando a la pantalla, pensando que quizás había puesto el pagado automático sin darse cuenta, se giró de nuevo hacia la cama y un sobrecogedor grito a su espalda la hizo dar un salto a la vez que ella mismo también gritó. Se giró violentamente y en el televisor una azafata gritaba a los supuestos telespectadores para que llamasen cuanto antes, el premio estaba ya cerca de los cuatro mil euros y sólo tenían que encontrar las siete diferencias entre las dos imágenes que mostraban en ese momento, en esta ocasión, su rostro, si mostró una sonrisa, pero no una sonrisa nacida de un hecho alegre o divertido, sino una sonrisa nerviosa motivada por el fuerte susto que acababa de vivir.

 

Volvió a meterse en la cama y apagó la televisión, todavía asustada, cogió de nuevo el libro con intención de tranquilizarse un poco. Entonces se dio cuenta de que no había apagado la luz de la cocina –Maldita sea- pensó, Se levantó de nuevo y caminó hasta la cocina, puso su mano sobre la llave de la luz y casi sin necesidad de mirar hacia allí, vio algo inusual sobre la mesa en la que minutos antes había dejado el vaso de agua, algo, de un color grisáceo pero brillante y con una cabeza humana decapitada en su interior, presidia el centro de la mesa.

 

Su grito esta vez fue ahogado y casi inaudible, el nudo que se produjo en su garganta le impidió emitir el fuerte sonido que su cerebro había ordenado. Se movió rápido, entró en la habitación y cerró la puerta, esta carecía de llave o cualquier otro tipo de mecanismo que pudiese utilizar para cerrarla, aunque de tenerlo, eso sólo hubiese servido para darle más tranquilidad que seguridad. Se fue de inmediato a la mesilla y agarró el cuchillo con ambas manos, apuntando hacia la puerta, como si esperase que algo o alguien entrase a por ella.

 

Poco a poco se fue tranquilizando, cogió el teléfono móvil y buscó en el registro de llamadas el nombre de su esposo, a pesar de que trabajaba en el turno de noche, casi siempre le cogía el teléfono fuese a la hora que fuese.

 

Pulsó la tecla de re-llamada y acercó el auricular, un extraño ruido, como un zumbido, fue lo único que escuchó al otro lado de la línea, miró de nuevo la pantalla del teléfono por si no había marcado bien, -Llamando- se leía en las luminosas letras. Volvió a acercar el auricular y el teléfono seguía emitiendo el mismo zumbido. Apresuradamente, pulsó el botón de colgar y buscó otro número hasta encontrar el de una persona conocida y de confianza, el de su amiga Elena fue el primero que encontró, pulsó de nuevo re-llamada y de nuevo el zumbido en la línea. Hasta ahora el teléfono le había funcionado, pero desde su accidentada inmersión en la freidora llena de aceite le había estado dando muchos problemas, ahora, parecía que el teléfono había muerto definitivamente.

 

Arrojó el teléfono sobre la cama y se pegó con la espalda contra la pared, miró el reloj de la mesilla para saber cuánto tardaría en llegar su marido, eran ya las siete y media, el turno de noche finalizaba a las siete, por lo que no podía tardar mucho en llegar a casa.

 

Pensó en ir hasta el pasillo para coger el teléfono fijo, pero la sola idea de abrir la puerta la aterrorizaba, en ese momento, el teléfono fijo en el que estaba pensando sonó, un sobresalto agitó de nuevo todo su cuerpo, quedó inmóvil escuchando como el teléfono sonaba una y otra vez, después de unos minutos, de nuevo el silencio más absoluto y perturbador. Unos segundos después volvió s sonar de nuevo el teléfono, ahora incluso se le antojaba más estridente que de costumbre. Así una y otra vez, sonando sin que ella se moviese ni un solo centímetro de donde estaba, silencio, de nuevo el timbre del teléfono, de nuevo silencio, silencio, silencio.

 

No sabía el tiempo que había trascurrido cuando escuchó de nuevo el timbre, por un segundo pensó que era una vez más el maldito teléfono, pero casi inmediatamente, se dio cuenta de que era un sonido totalmente diferente, alguien estaba llamando al timbre de la puerta, ella no se movió del sitio, seguía sujetando con fuerza el cuchillo preparada para lo que fuese que pudiese ocurrir, de nuevo el timbre de la entrada, en esta ocasión, acompañado del sonido seco de unos puños que golpeaban contra la madera de la puerta. Seguía inmóvil e inmediatamente escuchó una voz conocía, era la voz de su hermano Jesús, que la llamaba desde la distancia a la vez que seguía golpeando la puerta.

 

Poco a poco se fue acercando hacia la puerta del dormitorio, la abrió a la vez que retrocedió un paso como medida de precaución, a pesar de sus temores, no había nadie esperandola al acecho al otro lado de la puerta. El pasillo estaba débilmente iluminado por la luz que provenía de la cocina, salió sin dar en ningún momento la espalda a la puerta de donde provenía la luz, pasó por delante de ella dirigiéndose con cautela hacia a la entrada principal, caminando lentamente por el lado más alejado que el pasillo le permitía, cuando miró hacia el interior, comprobó que sobre la mesa sólo estaba el vaso de agua que había dejado allí, hacía ya no sabía cuánto tiempo, pero en ese momento a ella le parecíeron cientos de horas, aun así, siguió caminando sin dar la espalda al interior de la cocina, caminado de espaladas hacia la puerta de entrada, cuando creyó estar suficientemente cerca, se giró y avanzó rápidamente abriendo la puerta con sorprendente agilidad, su hermano Jesús estaba allí, ella se abalanzó hacia él y de repente comenzó a llorar, sus piernas flaquearon por un segundo y a punto estuvo de irse al suelo, su hermano la sujetó evitando así su caida y le preguntó quién se lo había dicho, ella lo miró con cara extrañada y contestó preguntándole a que se refería, él le dijo que la había estado llamando por teléfono, pués quería ser él el que le comunicase lo del accidente, de nuevo, ella, lo miró con cara de no saber de qué le estaba hablando, su hermano, comprendió que todavía no sabia la noticia y con lágrimas en los ojos, le comenzó a contar lo ocurrido y no hizo falta que le dijese más, en ese mismo momento, ella supo que su marido había muerto.

 

El brutal accidente contra un camión, provocado por la lluvia y por un posible despiste de uno de los dos conductores, había provocado que el piloto del turismo, saliese despedido del interior del vehículo y que se golpease contra el guarda-rail del lado derecho de la calzada, un fuerte corte en su cuello había hecho el resto, la muerte había sido instantánea.

 

Dormía tranquilamente cuando de repente despertó sobresaltada, y sabía exactamente por qué. Como a muchas personas les pasa, aquella era una de esas veces en las que te despiertas con una perturbadora angustia, como si soñases con algo realmente terrible y en esta ocasión, ella recordaba perfectamente el aterrador sueño que había tenido.

 

Todavía nerviosa, abrió la mesilla y cogió la cajetilla de tabaco, encendió un cigarro y miró la hora, eran más de las ocho y media de la mañana, su marido solía llegar a casa sobre las ocho menos veinte y todavía no lo había hecho, su mente se disparó como un proyectil y en ese preciso momento, escuchó abrirse la puerta de la calle, su marido entró y se dirigió inmediatamente al dormitorio, ella, al verlo, se echó a reír nerviosa y feliz, su marido, se sentó a su lado y con lágrimas en los ojos, le contó que se había retrasado porque en el camino de vuelta a casa, se había encontrado con un brutal accidente en la carretera, el coche de un compañero del turno de mañana había chocado contra un camión, el conductor había muerto al salir despedido y estrellarse contra el guarda-rail. Ella lo miró sin dar crédito a lo que estaba escuchando, su marido la abrazó con fuerza y entre sollozos le dijo que el conductor fallecido, era su hermano Jesús.

 

 

Género: Ficción

Autor: Jaime Ramos

Fecha: 30/11/12