Querida abuela

Regresaba a casa desde un lugar inconcreto.

 

Cuando estaba llegando la vio.

 

Su abuela, fallecida unos meses antes, estaba de pie a sólo unos metros de distancia de su casa.

 

Lo llamó. Él no se asustó, simplemente, no podía creerse lo que estaba viendo.

 

Su abuela lo volvió a llamar, esta vez, por el apodo que siendo un niño le pusieron cariñosamente en su casa. Él le pidió que aguardase un momento, deseaba llamar a su padre.

 

Ella insistía, hablaba a la vez que intentaba ocultarse de algo o de alguien tras la esquina que conducía al cobertizo que utilizaban a las veces como garaje, le pedía que se acercase, le dijo que tenía algo muy importante que decirle.

 

El no cedió, le pidió a su abuela que por favor no se moviese de allí. Quería llamar a su padre, quería que su padre también pudiese verla una vez más, que también pudiese hablar con ella una vez más.

 

Se alejó un poco en dirección a la casa, ella volvió a llamarlo. Él apuró el paso y a su espalda escuchó de nuevo la voz de su abuela. -“Tengo algo muy importante que decirte, por favor, escúchame, sólo quiero avisarte para que tengas mucho cuidado con…”-

 

Él no se paró, entró corriendo en casa y no pudo escuchar la frase completa, apuró a su padre para que lo acompañase a la calle, lo apremiaba para que viese algo realmente maravilloso, un verdadero milagro.

 

Para cuando regresó con su padre, allí no había nadie. Había perdido la irrepetible oportunidad de hablar una vez más, una última vez más, con su querida abuela.

 

Luego se despertó.

 

 

 

Sólo unas semanas más tarde, un trágico accidente de tráfico estuvo que a punto de costarle la vida.

 

 

Ahora, casi 20 años después, sigue arrepintiéndose de no haber hablado aquel día con su abuela. No por saber si se podría haber evitado el accidente, sino porque sigue convencido de que ese día, perdió mucho más que la facultad de caminar.

 

 

Autor: Jaime Ramos

Fecha: 06.06.2010