Mascotas

Estaba inmóvil desde hacía varias horas y sin embargo, no se encontraba incomoda ni sentía dolor alguno a pesar de la forzada e inamovible postura que mantenía sobre la cama. Desde la posición en la que se encontraba, sólo podía mirar en dirección a la ventana del dormitorio, pero la fina tela que ahora cubría sus ojos, apenas le permitía ver poco más que una imagen borrosa de lo que sucedía en el exterior.

 

Sin duda era un día soleado, unas sombras en movimiento a lo lejos le hicieron imaginarse que seguramente se trataba de sus vecinos, a los que veía a diario desde esa misma ventana y con los que guardaba una excelente relación. También de manera casi diaria solía charlar con ellos, y fue esta idea, la que la hizo albergar en el último momento una ligera esperanza de que alguien la pudiese echar en falta en un plazo razonablemente corto, y a pesar de que seguramente estaba en lo cierto, era muy posible que para cuando la encontrasen fuese ya demasiado tarde para ayudarla.

 

Recordó a su hermano, el que le regaló su primera mascota, ¿Qué pensaría al enterarse de la noticia? fuese lo que fuese, sólo deseaba que no se sintiese culpable, porque no lo era, pero ella sabía sin duda alguna que por mucho que lo desease, su hermano se sentiría culpable por lo sucedido hasta el fin de sus días.

 

Recordó a su novio Luis, el que en tantas ocasiones la había alertado sobre el peligro que corría, advertencias antes las cuales ella siempre se reía. Se burlaba de él diciéndole que se dejase de tonterías, que en el fondo sabía que no pasaba nada pero que era un miedoso como la copa de un pino. A pesar de todo, ella sabía que la verdad era que Luis se sentía muy incómodo en su casa y que por eso, casi nunca quedaban allí para verse.

 

Sintió unas ligeras punzadas en la espalda y en el cuello, sabía que muy pronto se quedaría totalmente dormida, lo que sin duda era un consuelo para ella.

 

Notó un ligero peso sobre su mejilla, giró los ojos y vio a una de las hembras que lentamente avanzaba por su cara. Poco a poco fue abriendo la tela con sus patas hasta abrirse camino hasta la boca. Ella sabía desde el principio que ese sería el lugar elegido, el lugar en el que  la viuda negra pondría sus huevos para protegerlos de las más de cien arañas que ahora, y tras un absurdo tropezón por su parte, campaban libres por la casa tras romperse los terrarios que las albergaban.

 

 

Género: Ficción

Autor: Jaime Ramos Lorenzo

Fecha: 18 de enero de 2013