Misión imposible

Caminaba por la solitaria playa, y una vez más, recogió del suelo el objeto de goma con forma de zanahoria. Lo lanzó tan lejos como su fuerte brazo le permitió y Thor, su perro, salió corriendo en busca del llamativo juguete, dejando tras de sí una enmarañada huella sobre la hasta ahora, impoluta y fina arena blanca.

 

Volvió la vista al mar y observó el horizonte, donde agua y cielo se juntaban dibujando una sutil y a veces invisible línea. La imaginaria y perfecta línea estaba rota por la silueta de un gran velero, un barco que llevaba ya más de veinte días allí amarrado. Sin moverse del punto donde habían arrojado anclas, esperando por alguien o por algo que Jack desconocía y aun así, temía igualmente.

 

La llegada de su mascota hizo que se volviese de nuevo para recoger el juguete, pero al mirar al perro, vio que lo que Thor traía en su boca era un brazo humano, un brazo idéntico al suyo, con el mismo reloj y el mismo tatuaje, pero imposible de ser, pues él, a Dios gracias, y al menos de momento, seguía conservando ambos brazos.

 

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Un ruido lo alejó de la playa, despertándolo del extraño sueño que estaba teniendo. Lentamente abrió los ojos y a través del espeso follaje del bosque, observó como el fondo negro de la noche se retiraba dando paso a un tenue color rojizo. Bajó la vista hacia la menguada hoguera que agonizaba entre las cenizas de lo que otrora fueran gruesos leños de madera seca. Se quedó inmóvil hasta que por fin, logró identificar el origen del ruido que lo había despertado. Un pequeño bulto trataba torpemente de ocultarse entre las sombras, acercándose con sigilo hacia los restos de la cena que él y sus hombres habían dejado allí la noche anterior. No se movió ni hizo nada, dejó que el furtivo ladronzuelo se acercase aún más a su codiciado botín. Observó como una huesuda mano alcanzaba un frío trozo de conejo asado, rápidamente la llevó a su boca y después de arrancar casi toda la carne de un sólo mordisco, guardó el resto del botín en su mugriento bolsillo. El sabor de la carne y seguramente el hambre, hicieron que el ladrón se arriesgase más de lo debido, acercándose todavía más a las sobras. Su osadía provocó que, al creerlo todavía dormido, diese la espalda a Jack durante un solo segundo, suficiente para que Jack aprovechara para abalanzarse sobre él y con su afilado cuchillo, rebanarle el cuello con absoluta eficacia y frialdad.

 

Comprobó que se trataba de un niño de no más de doce o trece años, le dio igual. Para no dejar pruebas, recuperó el trozo de carne de su bolsillo y lo arrojó al fuego. Sin hacer ningún ruido, cargó el cuerpo del pequeño sobre su hombro, se adentró en el interior del bosque, y lo abandonó en dirección contraria hacia la que en breves minutos reanudaría la marcha con el resto de su grupo. Luego, regresó al improvisado campamento y echó un par de leños más a la hoguera con la intención de que cuando sus compañeros despertasen, no sospechasen acertadamente de que se había dormido durante su turno de guardia.

 

Cuando todo el grupo de mercenarios estuvo listo, reanudaron la marcha hacia el interior del bosque, siguiendo las escasas pero fiables pistas que les llevarían hasta la entrada del antiguo monasterio.

 

Varios de los hombres, a pesar de su experiencia en el asalto a inexpugnables fortificaciones por todo el mundo, quedaron asombrados por la antigua pero impresionante edificación. Un monasterio construido en el siglo XIV bajo las órdenes del conquistador español Carmelo Alonso, levantado en lo alto de una gran roca de la montaña y construido con el mismo material, oculto en medio del enorme y peligroso bosque de Somar.

 

Jack era el único de ellos que había estado allí con anterioridad y al ver el monasterio, recordó su última misión en aquel lugar. En aquella ocasión habían estado realmente cerca de lograr su objetivo, pero en el último momento, cuando ya se encontraban a las puertas del monasterio, un brutal contraataque había logrado matar en cuestión de minutos a todos los componentes de su grupo, él incluido. Aunque ahora, prefería no recordar aquella sangrienta batalla y centrar toda su renovada vitalidad, en buscar la manera de conquistar aquella fortaleza que hasta ahora siempre se le había resistido. Para ello deberían esquivar a los francotiradores, salvar las continuas trampas que encontrarían en su camino, y lo peor de todo, evitar los terribles y mortales maleficios que Ajurb arrojaría contra todos ellos.

 

Jack sabía que Jacob, que era el mandamás y quién lo guiaba desde la distancia, estaba empezando a impacientarse con esta misión. Eso hacía a veces que las órdenes que Jack recibía no fuesen bien planificadas y que Piter, el socio de Jacob, cometiese el mismo error con el grupo de apoyo que él tenía por misión guiar desde su refugio. Jack no quería defraudarlos de nuevo, pues sabía que quizá esta fuese su última oportunidad pero aun así, una vez más, todos sus hombres fueron cayendo de manera violenta durante el asalto.

 

Cuando llegaron a la cima de la roca, sólo Jack y dos mercenarios más permanecían aún con vida. Uno de ellos recibió un certero disparo en la cabeza. El otro, aturdido por un maleficio de Ajurb, se despeñó al vacío desde lo alto de la roca. Jack, solo y prácticamente acorralado, decidió como último recurso intentarlo a la desesperada, corriendo hacia la puerta y disparando a discreción, eliminando en su camino a decenas de enemigos. Cuando faltaban escasos metros para alcanzar la puerta, recibió en su intercomunicador la orden de Jacob de correr hacia el lado derecho, donde se suponía que debería de existir un túnel secreto que daba acceso directo al interior del monasterio. Jack logró llegar hasta el túnel practicado sobre la roca y cuando por fin logró entrar, se encontró con algo totalmente inesperado, un ser de más de dos metros de altura y con aspecto de llevar muerto más de cien años, Jack abrió fuego con toda la artillería que llevaba consigo, pero al parecer, aquel tipo ya estaba muerto y las balas no le hacían absolutamente nada.

 

El ser siguió caminando hasta alcanzar la posición de Jack, lo agarró por el cuello y lo levantó en alto como si fuese de papel. Jack por su parte, siguió descargando mientras pudo toda su munición contra aquella criatura. Al llegar al borde de la roca, el ser agarró a Jack por un sólo brazo y lo giró sobre su cabeza con intención de lanzarlo al abismo, algo que al final ocurrió cuando el brazo de Jack se separó violentamente de su cuerpo.

 

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Jacob permanecía sentado en el amplio salón de su casa. Observando en la pantalla como uno tras otro, los hombres del equipo morían brutalmente asesinados sin que aparentemente, él ya nada pudiese hacer para evitar aquella masacre. Cuando al final, Jack murió mutilado de manera violenta, decidió que ya era suficiente, pero también de manera fría y sin ningún remordimiento por lo ocurrido, pensó que ahora ya sabía que para la próxima misión, intentar entrar por el túnel era una misión imposible.

 

Resignado, pulsó el botón y apagó la play station, por hoy había sido suficiente, al fin y al cabo, mañana sería otro día y quizá, él y Piter, tendrían por fin la oportunidad de pasar esa jodida fase.

 

 

Nota del autor.

Este relato tiene doble dedicatoria:

A mi hijo Jacobo, para que él y su amigo Pedro terminen el juego sin perder más vidas en el intento.

A mi buen amigo Carmelo, porque hoy está de cumpleaños y es un fiel seguidor de mis relatos.

 

 

Género: Ficción

Autor: Jaime Ramos Lorenzo

Fecha: 8 de febrero de 2013