La nueva chica Entidex

Mis padres trabajaron toda la vida como autónomos, ahora, ambos retirados, subsisten con bastantes dificultades por culpa de la escasa pensión que reciben a cambio de cuarenta años de duro trabajo. Pero si esta situación no fuese ya de por sí bastante lamentable, mis padres tienen que hacerse cargo de mí a pesar de mi edad y por culpa de esta maldita crisis que está azotando al mundo entero.

 

Durante los últimos años no sé a cuantas puertas habré llamado ya, una tras otra se van cerrando sin darme ni la más mínima oportunidad. Es triste oír a los dueños o a los gerentes de las que no hace mucho eran grandes empresas, como te dicen que no hay trabajo, que seguramente tendrán que cerrar en pocos meses, incluso que ellos también buscan desesperadamente trabajo para sus hijos, pero esa es la realidad de hoy en día, el paro lo va cubriendo todo como una oscura nube que avanza lentamente anunciando la tormenta que acecha en su interior.

 

Mis padres, que comenzaron a trabajar cuando en España aún se escuchaba el eco de las bombas de la guerra civil, curtidos a fuego en mil y un reveses de la vida, guardaban silencio y nunca se quejaban, pero yo sabía que mi situación provocaba en ellos una sensación de angustia que para nada merecían ahora en el otoño de su vida. Después del enorme sacrificio que les supuso enviarme a la universidad, tener que seguir manteniéndome era para ellos  un sacrificio que yo no podía seguir consintiendo.

 

La situación parecía que llegaba a la desesperación máxima cuando una mañana, como un milagro llegado del cielo, leí en un diario el anuncio de una famosa casa que ofertaba un único puesto de trabajo en mi ciudad. En realidad buscaban a una chica con una edad comprendida entre los dieciocho y los treinta años, pero eso era lo de menos en ese momento, lo importante es que en ese justo momento una débil luz brilló para indicarme que sin duda alguna, aquella era una oportunidad que no podía dejar pasar bajo ningún motivo.

 

Tengo que decir que la verdad es que aquel anuncio, más que una oferta de trabajo, parecía el aviso para un casting de una nueva película de Almodovar. “¡Buscamos a la nueva chica Entidex!”. -Dios mío- pensé, -pero si sólo es un contrato de un año como dependienta- en fin, como dije, era algo que no podía dejar pasar y con esa nueva esperanza grabada en mi mente, allá me fui yo.

 

El día señalado, me presenté ante la tienda a las nueve menos cuarto de la mañana, quince minutos antes de la hora marcada para el comienzo de las entrevistas. Realmente supuse que el número de candidatas iba a ser bastante grande, pero la verdad, lo que allí me encontré superaba con creces mis más pesimistas suposiciones.

 

A las nueve en punto de la mañana, la calle estaba literalmente tomada por centenares de chicas que buscaban desesperadas la oportunidad de convertirse en la nueva chica Entidex. Varios minutos antes, la policía local ya había intervenido cortando la calle al tráfico para evitar posibles accidentes, e incluso protección civil, tuvo que montar el hospital de campaña para atender los continuos mareos que presentaban varias de las candidatas. Una auténtica locura, lo sé, pero la crisis nos lleva a este tipo de situaciones impensables hace sólo unos pocos años.

 

Pasaban sólo unos minutos de la una del mediodía, cuando una empleada nos comunicó que las entrevistas que todavía estaban pendientes quedaban aplazadas hasta las tres de la tarde de ese mismo día. Lo mismo nos ocurrió a las siete, de nuevo, las que todavía no habíamos logrado entrar, fuimos emplazadas para las nueve de la mañana del día siguiente y así, hasta que por fin entró la última de las candidatas.

 

Casi al final de la segunda mañana de entrevistas, llegó por fin mi turno. Llamaban por orden del primer apellido y el mío es Martínez, así que imaginaros las candidatas que todavía estaban pendientes de entrar. Una vez dentro, noté como la encargada me miraba de arriba abajo, como si hubiese algo en mí que no acabase de convencerla. Yo por mi parte, mostraba una amplia sonrisa que previamente había ensayado una y otra vez frente al espejo de mi casa.

 

La entrevista fue bastante más corta de lo que me supuse, evidentemente, el tiempo parecía no pasar a igual velocidad durante la entrevista que esperando a las puertas de la tienda. Las preguntas fueron totalmente irrelevantes para el puesto que estaba en juego, pero insistieron bastante en saber si estaba casada, si tenía pensado casarme en los próximos meses o en si estaba embarazada, pero así son las cosas, y ellos, son los que marcan los criterios de valoración. Pensé que en realidad ya tenían elegida a la nueva empleada y que aquello era simplemente un paripé necesario, o más bien, una campaña de marketing estratégicamente diseñada por los publicitarios de la famosa firma, no en vano, la multitud de candidatas ocuparon las fotos de la prensa durante más de dos días, fueron noticia en varias televisiones locales, en la autonómica e incluso en alguna nacional. -Continúa la búsqueda de la nueva chica Entidex- decían mientras mostraban las imágenes de unas chicas que eran atendidas por el servicio de urgencias allí acampado. Vamos, para alucinar.

 

Bueno, como iba diciendo, allí estaba yo, con una angelical sonrisa, un vestido prestado por una buena amiga, que dicho sea de paso y sin intención de presumir, me quedaba bastante mejor a mí que a ella, y unos zapatos bajos que había cogido prestados de mi madre. Reluciente y despampanante, dijo mi amiga en cuanto terminó de ayudarme con el maquillaje.

 

Una vez finalizada la entrevista y ante la todavía gran cantidad de chicas que quedaban aún por pasar, me dijeron que probablemente no se supiese el nombre de la nueva chica Entidex hasta pasados varios días, que estuviese pendiente del móvil porque llamarían por teléfono a la elegida.

 

Y así fue, pasaban las horas, pasaban los días y nada se sabía del nombre de la candidata elegida. Al cuarto día, me fui a la cama consciente de que había perdido de nuevo una oportunidad única. Sólo era un año de contrato, pero para mí y en mi situación, era mucho más que eso, era un reto y un más que necesario comienzo en la vida laboral.

 

A la mañana siguiente, mientras desayunaba, recibí por fin la llamada de un número desconocido, yo que ya lo había descartado totalmente, me puse de los nervios y casi tiro con la mesa al levantarme. Efectivamente y como ya os habréis imaginado, entre las setecientas veintidós candidatas llegadas de todas partes de Galicia, yo y sólo yo, había sido elegida como la nueva chica Entidex.

 

Recibí llamadas de diarios, de la radio y de la televisión, todo el mundo quería hablar conmigo pero por supuesto, uno tras otro, rechacé amablemente sus incansables deseos de realizarme una entrevista, algo a lo que de otra manera no me podía arriesgar.

 

El problema es que empiezo a trabajar el próximo lunes y al parecer la firma me obligará, como no, a hablar ese mismo día con los periodistas, y yo sin nada que ponerme, mi amiga no me puede dejar el vestido para el lunes, ni voy a ir siempre con los zapatos de mi madre. En fin, que mañana sábado mi amiga me acompañará al mercado a ver si tengo suerte y encuentro algo arregladito que me quede un poco holgado, más que nada para disimular, pues sólo faltaría que ahora que por fin tengo trabajo, descubriesen que la nueva chica Entidex es en realidad un chico.

 

Pensareis que hice mal al mentir y decir que era una chica, pero tenéis que entenderme, para mí tampoco va a resultar fácil ser María José en el trabajo y José María en la calle, además estoy seguro de que si os vieseis en mi misma situación, haríais sin dudar lo mismo que hice yo.

 

Así que ya sabéis, si pasáis por la tienda y me veis con un precioso vestido, mi ondulada peluca rubia y una buena capa de maquillaje, disimulad un poco y sobre todo, a mis amigos se lo digo, no venir a cachondearos de mí que os conozco, recordad que yo ahora soy la nueva chica Entidex, al menos, durante los próximos doce meses.

 

 

Género: Ficción

Autor: Jaime Ramos Lorenzo

Fecha: 15 de marzo de 2013