Doce años esperando justicia

A las afueras de Pontevedra, existe un viejo y enorme pazo que está rodeado de una extensa finca amurallada. El pazo pertenecía a una familia adinerada que sufrió de manera brutal los golpes de la crisis, su economía, se vio rápidamente mermada hasta el punto en que de la noche a la mañana, se vieron obligados a poner a la venta el viejo bastión familiar.

 

Sabían que la venta no iba a ser nada fácil en los tiempos actuales, pero para su sorpresa y antes de que pasase el primer mes, recibieron la inesperada llamada de la inmobiliaria encargada de la venta para anunciarles que tenían un posible comprador.

 

La familia deseó resistirse a la venta al saber quién era el comprador interesado en el pazo, pero conscientes de que cuando decidieron ponerlo a la venta, eran perfectamente conocedores de que esa era su última baza, ahora, no podían permitirse el lujo de andarse con demasiados miramientos.

 

El comprador, un hombre conocido como Pepe el marqués, era un hombre acaudalado con un oscuro pasado relacionado con el mundo del narcotráfico. Se crió a pocos metros de donde se encontraba el pazo y desde niño, siempre había bromeado con que algún día, aquel pazo se convertiría en su casa. Sin duda, aquella era la oportunidad que el hombre había estado esperando desde que se había convertido en el hombre extremadamente rico que ahora era.

 

La familia, en un último acto de proteger de alguna manera la que había sido la casa de sus antepasados, intentó poner algunos condicionantes sobre las posibles modificaciones que el nuevo dueño podría realizar sobre la propiedad, pero el comprador, acostumbrado a que nadie le dijese lo que podía o no podía hacer, no aceptó ninguna de sus cláusulas. A través de sus abogados, comunicó a la familia que pagaría hasta el último euro que habían pedido por el pazo, pero que a partir de ese mismo momento, el pazo sería de su propiedad y no aceptaría ningún tipo de clausula o condición en su contrato compra.

 

Finalmente la familia, obligada por la presión de las deudas acumuladas por sus empresas y sus otras propiedades, se vio obligada a vender el pazo a Pepe el marqués, y ante la negativa del comprador a aceptar las cláusulas que quisieron imponerle, informaron ellos mismos a la Xunta de Galicia sobre la venta y sobre la posibilidad más que real, de que el nuevo propietario quisiese realizar trabajos sobre la estructura del pazo, algo imposible al hallarse el edificio principal bajo la protección de patrimonio. Y la familia no se equivocaba, en cuanto Pepe el marques obtuvo unos permisos para pequeñas obras de mantenimiento en el tejado y poco más, de manera casi inmediata, el pazo se vio asaltado por decenas de obreros, electricistas, fontaneros, jardineros, canteros y sobre todo, por varias máquinas pesadas que nada más llegar, comenzaron a abrir enormes y profundas zanjas en la zona sur de la finca.

 

A los pocos días se personó en el pazo la policía local acompañada de dos técnicos de patrimonio, dispuestos a revisar que las obras que se estaban llevando a cabo en la finca, se ceñían exactamente al proyecto original presentado y sobre el cual se habían otorgado los permisos pertinentes.

 

 

Después de certificar que efectivamente todo estaba correcto, y tras tener que escuchar una decena de veces las quejas de Pepe el marqués, que acusaba a la policía de un acoso constante hacia su persona, a pesar de que él no era ningún delincuente y que jamás lo habían condenado por nada,  y de acusar a los técnicos de la Xunta de ser unos mandados de la familia que le había vendido el pazo, se encaminaron hacía la salida del pazo y en ese momento, escucharon a un obrero que llamaba a viva voz al encargado de la empresa, pues al parecer, habían encontrado algo en una de las zanjas que estaban cavando con la retroexcavadora.

 

El propio Pepe se acercó al encontrarse cerca del lugar, al igual que hicieron los técnicos de patrimonio y los agentes. Cuando llegaron al lugar donde los obreros se arremolinaron con rapidez, encontraron en el suelo, tapado todavía con algunos restos de oscura tierra, el cadáver ya irreconocible de un hombre envuelto en una bolsa de plástico.

 

Los agentes se hicieron cargo de la situación en cuanto vieron el cadáver, obligaron a todos a apartarse del lugar y dieron aviso tanto a la policía científica como al juzgado, con intención de que el juez se trasladase hasta el lugar para ordenar el levantamiento del cadáver.

 

De inmediato las obras fueron paralizadas hasta que no se pudiese examinar toda la zona y hasta que no se supiese, a quién pertenecía aquel cuerpo y cómo había llegado hasta allí.

 

Pepe el marqués se vio sorprendido por el hallazgo y sobre todo por el mal momento en que había sido descubierto, pues de haber sido en otro momento, nada de aquello hubiese trascendido y el cuerpo seguiría allí enterrado por orden suya.

 

Días después, el forense envió al juzgado el resultado de su análisis así como varias cosas halladas en los bolsillos del cadáver. El hombre, encontrado en la finca del pazo, había muerto de un tiro en la nuca y entre las escasas pertenencias enviadas al juzgado, había una pequeña carta escrita a mano que al parecer estaba oculta en un zapato de la víctima.

 

Ese mismo día, el juez ordenó la inmediata detención de Pepe el marqués. En la vista previa, el juez leyó al detenido y a sus abogados la carta encontrada en el cadáver hallado en la que ahora era su propiedad.

 

 

Mi nombre es Antonio Álvarez Losada, trabajo como transportista para el hombre conocido como Pepe el marqués. Al parecer, alguien me ha acusado de quedarme con parte de la droga que de manera semanal, se transporta desde nuestra empresa y por orden directa de él. Nunca quise saber nada sobre este sucio negocio pero aun así, se perfectamente que nada ni nadie me podrá salvar si Pepe cree que soy culpable, lo conozco demasiado bien desde que éramos sólo unos niños pequeños y por eso, sólo espero que si las cosas se tuercen, algún día alguien pueda dar con mi paradero y que esta carta siga en mi poder para que se haga justicia sobre mi muerte. Pido perdón a mi familia y a todas las personas a las que esta situación, pueda perjudicar de alguna manera, pero juro ante Dios que jamás quise saber nada de ese negocio y mucho menos, que yo sea el responsable de los robos sufridos en los últimos meses.

 

 

Tras le lectura de la carta y a pesar de los intentos de los abogados para que el juez cambiase de parecer, este, ordenó la prisión preventiva sin fianza de Pepe el marqués hasta que él mismo dictase la fecha de su juicio.

 

 

[-------] 

 

 

Galicia, doce años antes.

 

Pepe el marqués sabía que alguien le estaba robando parte de la droga que transportaba a varios puntos de España, necesitaba saber cuál de sus hombres era el responsable y confió a su hombre de confianza el hallazgo del traidor. Su sorpresa fue mayúscula cuando su lugar teniente le informó que el hombre que estaba robándole era Antonio, el bueno de Antonio, el que nada quería saber sobre el tráfico de drogas.

 

Pepe, preso de la rabia, hizo que llevasen ante él al ladrón e intentó obligarlo a que confesase su delito. Antes las continuas negativas y súplicas de este, Pepe pareció tranquilizarse y le dijo a Antonio que le creía, que estuviese tranquilo, que todo había sido un mal entendido. Se acercó a él, le dio un beso en la mejilla y le dijo que no se preocupase por nada, que él ya sabía que su propio hermano no podía ser la persona que llevaba meses robándole, lentamente, se puso tras él y sin vacilar ni un solo segundo, lo ejecutó allí mismo pegándole un tiro en la nuca. Luego, ordenó a sus hombres que se deshiciesen del cuerpo de aquel sucio traidor.

 

 

[-------] 

 

 

A día de hoy, José Luis Álvarez Losada, más conocido como Pepe el marqués, cumple una condena de veinte años de prisión en el centro penitenciario Madrid IV de Alcalá, por el asesinato premeditado de su hermano Antonio.

 

 

Género: Ficción

Autor: Jaime Ramos Lorenzo

Fecha: 22 de marzo de 2013

  

Nota final del autor:

Mi agradecimiento a Maika Pereira, pues gracias a su fidelidad en la lectura de estos relatos, me hizo descubrir que faltaba el enlace de esta historia. 

El texto de este relato y los hechos narrados en el son totalmente ficticios. Cualquier parecido con la realidad o con personas vivas o muertas son pura coincidencia.